Café caliente

jueves, 6 de agosto de 2015

 Foto: Ferdinando Scianna
Por la noche, en el trabajo, eran idénticas. Por la mañana, en el café, eran distintas. A una le gustaba el café humeante, a otra templado; a una le gustaba el café dulzón, a otra amargo; a una le gustaba el café corto, a otra largo; a una le gustaba el café cargado, a otra suave. De noche, para ambas los hombres eran iguales. De día, para cada una los hombres eran diferentes. Sin embargo, coincidían en que, como el café, sólo los fuertes y calientes no las dejaban dormir.
 

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