El tango del diablo

lunes, 22 de junio de 2015

Foto: Alexander Prischepov
A él le había enseñado a bailar el tango el diablo. Ella no sabía bailar pero la sacaban mucho. Se necesitaban dos para bailar un tango. Ambos sabían que la vida era un tango en el que, si te pisaban, tenías que seguir bailando. Él estaba dispuesto a enseñar, ella estaba dispuesta a aprender. Si la música del bandoneón era aritmética, el tango era geometría. El tango empezaba cuando se acababa el diálogo, sonaba la música y él le hablaba a través del baile. Entre caminatas, cortes y quebradas, el arrabal, el desengaño, el deseo, el instinto, el amor, el desamor, el tiempo, la nostalgia, la melancolía, la tristeza… la vida. Por el tango ella entregaba su alma al diablo.

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