Sin melena

jueves, 7 de mayo de 2015

Foto: Martin Wieland
Él siempre la adulaba alabando su larga melena. Decía que se había fijado en ella por primera vez al ver su pelo ondulado al viento. Decía que se había quedado prendado de su melena antes que de su mirada o de su sonrisa. Decía que se había enredado en su pelo antes que en su cadera o en su cintura. Decía que se había escondido en su melena muchas noches y algunos días. Cuando ella descubrió que lo mismo que le decía a ella se lo decía a otras, se rapó el pelo al cero, se desnudó y lo esperó en la cama. Él se quedó perplejo, se dio la vuelta y, sin decir palabra, se fue para siempre. Ella primero sonrió, luego soltó una gran carcajada.

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