El café de madrugada

domingo, 31 de mayo de 2015

Foto: Ferdinando Scianna
Ambas tomaban aquel café de madrugada para despertar de una noche en la que no habían dormido. Ambas tomaban aquel café dulce, caliente, excitante, para olvidar otra noche amarga, fría, monótona. Ambas solas, con sus cafés solos. No podían pasar sin su café. Por lo menos el café no era recalentado, era hecho expresamente para ellas cada mañana por alguien que las amaba. Alguien, revolucionario cotidiano, que, como el Che Guevara, pensaba: "Si no hay café para todos, no hay café para nadie".

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