El látigo de la indiferencia

miércoles, 15 de abril de 2015

Foto: Ilya Rashap
Ella no lo castigaba con el látigo de la indiferencia, lo castigaba con el látigo del desprecio. Lo castigaba por el deseo no realizado, por el desdén, por la desgana. Lo castigaba por amar sin exceso, por la cordura, por la mesura. Lo castigaba por la contención, por la corrección, por la moderación. Lo castigaba con el látigo de la penitencia, porque él no había comprendido que la falta de pecado era pecado.

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