Dom Pérignon

martes, 28 de abril de 2015

Foto: Frank De Mulder
Iban a celebrarlo con Dom Pérignon. Esa botella y su amor habían tenido vidas paralelas. Después de tres años de heladas, una floración hasta mediados de junio y un verano tórrido con tormentas aisladas, la madurez óptima había dado lugar a la mejor cosecha. Después de veinte años de ocultación, la botella, como su amor, había contenido la efervescencia. Ahora iban a descorcharla sin ruido, como marcaba la etiqueta, como había marcado siempre la obligada discreción. Pero ya nadie iba a impedir que se vertiese la espuma desbordada y que cada burbuja chispease por sus labios y sus pieles. Iban a beberse sorbo a sorbo hasta embriagarse de placer.

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