El anacoluto

martes, 27 de mayo de 2014

Foto: Eugenio Recuenco
Que las Primarias, para escoger candidatos a cargos institucionales o a cargos orgánicos, son un compromiso previo, un compromiso adquirido por el PSOE, es un anacoluto con un par de redundancias. Un compromiso siempre es previo y adquirido, salvo que haya sido contraído sólo para entretener o despistar, es decir, que no sea un compromiso. Cierto que, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, compromiso tanto significa "obligación contraída, palabra dada, fe empeñada" como "dificultad, embarazo, empeño". Algunos líderes venden la primera acepción pero sólo compran la segunda. Si las cosas vienen mal dadas, "dimiten por compromiso personal", no se sabe si adquirido o previo (otra redundancia, más que pleonasmo, pero también anacoluto). El anacoluto, aunque lo parezca, no es un insulto. El anacoluto es un solecismo que consiste en la inconsecuencia o la falta de coherencia en la construcción del discurso. El anacoluto no sólo es un error de forma, también lo es de fondo. Peor, quizás el anacoluto aparezca porque en el fondo no había fondo. La falta de contenido tiene que ver con la falta de compromiso, adquirido o previo. Quien no cree en el compromiso que no pida credibilidad.

La teta electoral

viernes, 23 de mayo de 2014

Foto: Nicola Ranaldi
La teta electoral no es la teta de la que pretenden mamar los elegidos, como se podría pensar a primera vista. La teta electoral es la que pretende llamar la atención, a primera vista, de los electores que acudan a un colegio electoral de Muxía (Costa da Morte, Galicia, España). No es provocación nudista, es provocación artística. Hay que explicarla. Una estudiante de máster en creación artística contemporánea es convocada para formar parte de una mesa electoral en las Elecciones Europeas. La joven solicita ser relevada de tal función ciudadana por hallarse realizando un trabajo de fin de máster que le exige demasiada dedicación. La Junta  Electoral correspondiente rechaza su solicitud porque el motivo alegado no parece suficiente. No es como el de un hincha madrileño al que sí eximen de formar parte de una mesa porque tiene previsto acudir la víspera a la final de la Champions League en Lisboa, entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid; argumento que acredita documentalmente presentando la entrada comprada al efecto. No es lo mismo ser hincha que estudiante. Para protestar, la estudiante decide hacerse una foto de sus tetas en blanco y negro, estamparla en una camiseta y acudir con ella puesta a la mesa electoral. A la protesta la llama performance; a la performance la llama Estética Amor-Al. Relacionar el desnudo con la moral es cuestionable; lo natural nada tiene que ver con lo moral. Pero, la idea es más provocativa que creativa. Acierta la autora cuando dice que "No quiere hablar mucho del significado, porque quiere que la gente reaccione de modo espontáneo, sin condicionantes". El primer objetivo ya está logrado: los diarios regionales se hacen eco de la iniciativa, aunque hablan de senos en vez de tetas, de vergüenza en vez de valentía, de pudor en vez de pundonor. Algunas dirán que la idea es feminista; otras dirán que la idea es machista. El hombre siente atracción por las tetas por motivos físicos (placer visual) y por motivos psíquicos (recuerdo erótico adolescente). El hombre disfruta mirando las tetas, pero las tetas pertenecen a la mujer, que las muestra, en privado o en público, cuando y como quiere. Mostrarlas para comprobar cómo reaccionan otros es una hipótesis científica. No obstante, el erotismo mezcla mejor con el arte que con la ciencia. También mezcla bien con la política.

El orgasmo permanente

domingo, 18 de mayo de 2014

Foto: Alisa Verner
Alguna vive en un orgasmo permanente. Parece bueno, pero es malo. El orgasmo femenino permanente es un síndrome, un síndrome de excitación continuada, que no conduce al placer sino a la vergüenza. La consecuencia del síndrome está clara, la causa no tanto. La consecuencia es un orgasmo prolongado o repetido. La causa parece ser un desajuste neurológico. Es cuestión de nervios. Es un orgasmo nervioso, que lleva a la inquietud e irritabilidad. Es un orgasmo imprevisto, que surge de una estimulación inconsciente. Es un orgasmo ilógico, que aparece sin razón emocional evidente. Es un orgasmo descontrolado, que arranca, por ejemplo, con la vibración excesiva de un móvil o con el vaivén de un sillín de bicicleta. Es un orgasmo corrido, que puede ser ininterrumpido o interrumpido pero repetido. Es un orgasmo grave, si dura horas; muy grave, si dura días; gravísimo, si dura meses. Es un orgasmo personal e intransferible, que alguna pretende exportar a su inmediato entorno transmitiendo falsa euforia. Es un orgasmo ansioso, que nace de la ansiedad y transmite ansiedad. Según Manuel Varela, presidente de la Sociedad Gallega de Sexología, "La mayoría de las afectadas sufre ansiedad, angustia, no se concentra en las tareas cotidianas por temor a excitarse fuera de lugar y no poder controlarlo. El problema es que la gente no las comprende ni las arropa". Ese es el problema: la gente no las comprende ni las arropa. No tienen el apoyo de la gente. Sin embargo, como decía Walter Bagehot: "El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no tienes que hacer". Cierto que Walter sabía más de política y economía que de placer.

Coaligando, que es gerundio

lunes, 12 de mayo de 2014

Foto: Alisa Verner
Felipe González, referente de la presidencia del Gobierno de España y referente del socialismo en España, defiende el bipartidismo: "No hay ninguna demostración de que la dispersión del voto, absolutamente legítima, ayude a arreglar los grandes problemas del país". Esto molesta a unos cuantos, no socialistas. Felipe González defiende también la posible coalición de los dos grandes partidos (popular y socialista): "Si el país lo necesita". Esto molesta a otros muchos, no socialistas y socialistas. En momento de enfoque electoral el enfoque estatal parece a muchos desenfoque. La maquinaria electoral lleva a la divergencia, la maquinaria gubernamental lleva a la confluencia. La propuesta, ponderada y pragmática, de quien ha gobernado bien durante muchos años, pone en bandeja las críticas de quienes son oposición permanente: suicidio político, deserción ideológica, esclavitud del capital, etcétera, etcétera. El pragmatismo de Felipe González: "Yo no descarto nada que necesite el país; me gusta que se responda a lo que el país necesite en cada momento histórico", no es fruto de una ocurrencia, por lo que exige reflexión. ¿De qué hablamos? Coalición significa "confederación, liga, alianza". En España no hay hábito de coalición. El uso del prefijo co- para expresar unión ha ido ganando adeptos en la conformación de cultismos y neologismos del lenguaje político, pero no ha calado en el espíritu de la vida política española. De hecho, el verbo coaligar ha entrado recientemente en el diccionario, casi con calzador, para respaldar posibles coaliciones. Existía, desde hace tiempo y con idéntico significado, coligar, que, sin embargo, a la mayoría de los españoles trae a la memoria otro tipo de unión, más ligada a la conquista amorosa que política. El error está en pensar que coaligar, en vez de sumar, es coartar, o sea, restringir, limitar. La coalición pierde crédito cuando es una coartada para el simple reparto del poder. Se trata de repartir la responsabilidad, no el poder. Cuando hay que engrasar las escalas administrativas (europea, nacional, autonómica, local), la corresponsabilidad fiscal y la solidaridad territorial son fundamentales. Menos mal que el diccionario ya ha incorporado la corresponsabilidad, con el sentido de responsabilidad compartida.

El euro, el europeísmo y el euroescepticismo

sábado, 10 de mayo de 2014

Foto: Ellen von Unwerth
El euro como moneda ha entrado en la vida cotidiana del español como consumidor. El euro como prefijo apenas ha entrado en el español como idioma. El euro ni siquiera es un prefijo, es un prefijoide, porque parece tener autonomía y significado, por lo que entra a formar parte de palabras compuestas, más que prefijadas; palabras que el español, como individuo y como idioma, ha ido incorporando con reticencia. En el último cuarto del siglo XX el españolismo parecía ceder ante el europeísmo. Europa era la novedad. Siglos estando en Europa sin saberlo. La novedad exigía neologismos. Se multiplicaban las palabras con euro. Todas ellas tenían connotaciones positivas. El euro generaba euforia. Las palabras con euro generaban eufonía, sonaban bien. Europeísmo: "Predilección por las cosas de Europa; carácter europeo; conjunto de ideologías y movimientos políticos que promueven la unificación de los Estados europeos". Europeidad: "Cualidad o condición de europeo; carácter genérico de los pueblos europeos". Eurodiputado: "Diputado del Parlamento Europeo". Eurocentrismo: "Tendencia a considerar los valores culturales, sociales y políticos de la tradición europea como modelos universales". El euro como moneda se imponía en la economía española, pero el diccionario no incorporaba: euromercado, eurobono, eurodivisa o eurocheque. El diccionario era algo euroescéptico y se ha ido convirtiendo en europesimista. Precisamente ha ido incorporando palabras con connotaciones negativas. Euroescéptico: "Que rechaza los proyectos políticos de la Unión Europea o recela de ellos". Eurocracia: "Conjunto de funcionarios de las instituciones europeas". De Europa como solución a Europa como problema. De la euforia al escepticismo. Del escepticismo al nihilismo. Elecciones europeas en la lejana Europa. No es allí, es aquí.

La gobernanza y el garbanzo

jueves, 8 de mayo de 2014

Foto: Steven Meisel
Los modernos utópicos prefieren la gobernanza al gobierno, porque creen que la sociedad está ávida de participación en la toma de decisiones. Los modernos interesados prefieren la gobernanza al gobierno, porque creen que la gobernanza les garantiza el garbanzo. Nada nuevo bajo el sol, ni bajo la democracia, ni dentro de la ambición humana, ni dentro del diccionario de la lengua. En su acepción antigua, gobernanza ya significaba: "Acción y efecto de gobernar o gobernarse". En su acepción moderna, gobernanza incorpora una definición más ambigua y abstracta, al gusto de los charlatanes de la modernidad, y significa: "Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía". De ahí a hablar de desarrollo sostenible, economía social, modelo mixto, tercer sector, externalización de servicios, democracia real, etcétera, etcétera, etcétera, hay un paso. De ahí a proponer observatorios, agencias, oficinas, institutos, foros, plataformas, etcétera, etcétera, etcétera, hay un paso. Se trata de vaciar de contenido los conceptos, para adaptarlos a los tiempos confusos que corren. Se trata de inventar los etcéteras, para acoplarlos a los tiempos difusos que corren. Se trata de dar nuevos nombres a las demandas sociales o de inventarse nuevas demandas sociales. Se trata de considerar objetivos a los sujetos, cuando los objetivos han sido siempre verbos, concretamente infinitivos, que comprometían mucho más a los que gobernaban. Se trata de utilizar un lenguaje supuestamente más amable para eludir responsabilidades. Mejor gobernanza que gobernación. La gobernación, al margen de los recuerdos de épocas nada democráticas, no sólo significa "acción y efecto de gobernar", también significa "ejercicio del gobierno", al que no puede renunciar quien aspire a gobernar. Gobernar es "dirigir, conducir, mandar, regir la cosa pública". Para regir la cosa pública ya están las instituciones públicas, con sus órganos de gobierno y sus funcionarios cualificados. Ahora bien, cuando detrás de la gobernanza está el garbanzo, la cosa cambia; no la cosa pública, la cosa privada. Bien dice el refrán popular: "Un garbanzo no hace puchero, pero ayuda a su compañero".

El disputado voto del parado

lunes, 5 de mayo de 2014


Foto: Jorge Urbano
Miguel Delibes, que conocía muy bien España y los españoles, escribió, en 1978, El disputado voto del señor Cayo. Los españoles no leyeron mucho su libro, pero sí acudieron al cine a ver, en 1986, la película homónima de Antonio Giménez-Rico, en la que se mostraban las peripecias de un candidato socialista y un grupo de jóvenes militantes por tierras de la Castilla profunda durante las primeras elecciones democráticas. La gente trabajaba y desconfiaba de la política. La novela era un drama, la vida también. Varias elecciones y varias décadas después, la gente no trabaja y desconfía de la política. El paro es un drama, la vida también. En cada elección, el voto del parado es muy disputado, pero el parado no tiene ganas de votar. Al parado ni siquiera le quedan ganas de castigar al partido que gobierna. El parado no castiga al Gobierno, castiga al sistema. La Fundación Alternativas ha presentado un estudio llevado a cabo por Miguel Caínzos, sociólogo, y Carmen Voces, psicóloga, sobre el comportamiento electoral del parado en las diez elecciones generales celebradas en el periodo democrático. El voto del parado será muy disputado, pero la disputa parece poco fructífera. Las conclusiones sintéticas del estudio así lo demuestran. En siete de las diez elecciones el parado se abstiene más que el ocupado. Cuando vota, el parado vota al mismo partido que votaba cuando no estaba parado. El parado, además de parado, o precisamente por ser parado, es descreído y escéptico. El parado no castiga al partido que gobierna porque piensa que el paro es un drama personal, no colectivo. Han conseguido que la falta de trabajo sea un problema del trabajador, exclusivamente, ni del Gobierno, ni del capital. Ya advertía Keynes que "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino es probable que el trabajo se haya hecho mal".

No hay desregulación

domingo, 4 de mayo de 2014

Foto: Craig Morey
Dar explicación de la crisis a partir de la desregulación de los mercados es una mala explicación, o cuanto menos una explicación incompleta. La desregulación sólo existe en los diccionarios económicos, no en el diccionario de la lengua. La economía teórica va por un lado; la vida práctica va por otro. La explicación de la macro-economía va por un lado, por el lado de la conveniencia de los que aplican la desregulación; la economía doméstica va por otro lado, por el lado de los que sufren la falta de intervención. El falso liberalismo ha conseguido que el intervencionismo tenga connotaciones negativas en el imaginario popular. La libertad de mercado y la flexibilidad laboral se imponen cual paradigmas frente a la responsabilidad pública y la credibilidad política, en cuanto a la gestión de la economía. Sin desregulación no hay productividad y competitividad, asumen y difunden los falsos liberales. Los falsos liberales no se confunden, pero confunden a los demás, haciendo sinónimas la desregulación y la liberalización de los mercados, siguiendo el dictado de los especuladores financieros. Como los grandes especuladores son anglófonos, toman prestada la "desregulation". En español no hay desregulación. En español desregular debiera ser desreglar, pero desreglar significa desarreglar. El desarreglo trae deslocalización y desempleo. No lo arregla ni la Virgen de Regla.