Dios es omnívoro

martes, 22 de abril de 2014

Foto: Sean DuFrene
El hombre es omnívoro, pero se cree, además, omnímodo. Peor aún, alguno se cree omnisciente y omnipotente. Omnívoro es el que come toda clase de alimentos orgánicos, vegetales o animales. Omnímodo es el que lo abarca todo. Omnisciente es el que lo sabe todo, lo real y lo posible. Omnipotente es el que lo puede todo. Si hay Dios, sólo Dios es omnímodo, omnisciente y omnipotente. Nadie es tan omnisciente como para saber si Dios es omnívoro o vegetariano. No obstante, sería bueno saberlo, para poder imitarlo. Hipótesis de partida: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Según un estudio de la Asociación Médica Americana, los vegetarianos viven más años que los omnívoros, a pesar de que la dieta vegetariana no reduce el riesgo de cáncer. El estudio tiene una base científica, pues fue realizado sobre una muestra de setenta y tres mil individuos durante seis años, y un componente espiritual, pues los setenta y tres mil individuos eran miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, iglesia que anima a sus fieles a mantener esa pauta alimentaria vegetariana, para parecerse a Dios. Los vegetarianos adventistas consumen más grasas vegetales y menos grasas saturadas; a diferencia del rechoncho americano medio, están delgados; pero, quizás lo más determinante no sean sus hábitos en cuanto a la comida, sino sus hábitos en cuanto a la bebida y al tabaco, pues beben poco alcohol y fuman poco. Según un estudio de la Universidad Médica de Graz (Austria), los vegetarianos tienen más riesgo de cáncer, alergia, depresión o ansiedad que los omnívoros. El estudio llevado a cabo sobre una muestra de más de mil trescientos austríacos, demuestra que son más delgados y beben menos alcohol que los omnívoros, pero están menos sanos y disfrutan de menor calidad de vida que los omnívoros, tienen más riesgos y precisan más atención médica. Según un estudio de la Fundación Española de Nutrición, los españoles son cada vez más vegetarianos, están a punto de alcanzar el superávit en verduras, pero aún presentan déficit de cereales y legumbres. Desde que los ibéricos dejaron de ser cazadores-recolectores, los demás no hacen más que confundirlos. Ahora que son más vegetarianos les dicen que hay que ser más omnívoros. Habrá que explicárselo de modo diferente a los diferentes tipos de ibéricos vegetarianos. Hay ibéricos ovo-lacto-vegetarianos, consumidores de vegetales, huevos y lácteos, pero no de carnes o pescados; hay ibéricos lacto-vegetarianos, consumidores de vegetales y lácteos, pero no de carnes, pescados o huevos; hay ibéricos ovo-vegetarianos, consumidores de vegetales y huevos, pero no de carnes, pescados o lácteos; hay ibéricos api-vegetarianos, consumidores de vegetales y miel, pero no de carnes, pescados o lácteos; hay ibéricos veganos estrictos, consumidores sólo de vegetales, pero no de carnes, huevos, lácteos o miel; hay ibéricos crudívoros, consumidores sólo de vegetales crudos o ligeramente tibios; hay ibéricos vegetarianos macrobióticos, consumidores de vegetales equilibrados según objetivos; hay ibéricos vegetarianos eubióticos, consumidores de combinaciones de vegetales proteicos y carbohidratados; hay ibéricos granivorianos, consumidores de vegetales en grano, no de carnes o pescados; hay ibéricos frugívoros, consumidores sólo de frutas, pero no de otros vegetales, prefiriendo las frutas que caen de los árboles; hay ibéricos flexitarianos, consumidores flexibles de vegetales que, cuando la situación crítica lo requiere, vuelven a una dieta carnívora indiscriminada; hay ibéricos consumidores sólo de productos derivados del cerdo ibérico. No hay que confundir la pluralidad cultural, el desajuste metabólico y el desarrollo cerebral. El hombre ibérico, como Dios, probablemente también sea omnívoro.

Cesar al césar

viernes, 18 de abril de 2014

Foto: Jan Saudek
Al césar lo que es del césar, a no ser que cese el césar, aunque el césar no suele cesar y es imposible que alguien cese al césar, porque cesar es verbo intransitivo y porque el césar no se cesa a sí mismo, sino que, si acaso, dimite.  Que el verbo sea intransitivo no excluye que pueda ir acompañado por un complemento no personal, es decir, nadie puede cesar al césar pero el césar podría cesar como césar, mejor dicho, dimitir como césar. Sólo pueden cesar las personas que ocupan cargos. A menudo leemos u oímos que cesa la violencia, cesa el acoso, cesa la coacción, cesa el rumor, cesa la crisis, cesa la especulación, etcétera. Las situaciones, las relaciones o las acciones no cesan; se acaban, terminan, se suspenden, paran, se interrumpen o finalizan. "Al césar lo que es del césar" no es una frase incompleta. Es frase de Aristóteles que se refiere a la justicia distributiva, coloquialmente, a que a cada uno ha de corresponderle lo suyo. Jesucristo popularizó la frase completándola ("Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"), habiendo sido preguntado sobre la justicia o injusticia de un tributo, para dejar clara la separación de poderes, religioso y civil, y dejar más clara aún la separación entre asuntos mundanos y asuntos espirituales. No le hicieron mucho caso los jerarcas y hasta pretendieron cesarle. Pero ya se sabe que no se puede cesar a alguien, sea césar o dios.

La insoportable pluralidad del ser

jueves, 17 de abril de 2014

Foto: Greg Kadel
La pluralidad política se entiende mal. La insoportable levedad del ser se entiende mal. La pluralidad se confunde con el pluralismo. La duda existencial se confunde con el sentimiento existencial en La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Tomás, el protagonista, duda, en el plano individual, de sus relaciones sentimentales y sexuales; Tomás duda, en el plano colectivo, de las bondades de un sistema político que le animó primero a ser entusiasta militante socialista y luego le convirtió en crítico perseguido por los líderes del aparato. La lealtad, la deslealtad, la fidelidad, la infidelidad, el amor, el desamor… configuran la insoportable levedad del ser humano; también del ser humano político. Dicha levedad se debe a la pluralidad. Según el diccionario, la pluralidad no es lo mismo que el pluralismo. La pluralidad es la calidad de ser más de uno. El pluralismo es el sistema por el que se acepta la diversidad de doctrinas y métodos en materia política. En la Transición española, pluralidad era una palabra muy utilizada y muy cargada de significado, pues se refería claramente a la diversidad política. En la actualidad, pluralidad es una palabra eufemística, sobre todo cuando se utiliza para referirse a la vida interna de los partidos. Es eufemística porque mediante la misma lo que no se quiere decir es que internamente existen desacuerdos, desavenencias, disconformidades, discordias, disensiones, disentimientos. En la Transición, la pluralidad iba vinculada al consenso, la tolerancia y la reconciliación. En la actualidad, la pluralidad interna de ciertos partidos que presumen de pluralidad vive una insoportable levedad del ser.

La chispa de la vida

martes, 15 de abril de 2014

Foto: Raymond Gauchetier
El embotellador que la embotelle buen embotellador será, porque la Coca-Cola es la chispa de la vida y el que embotella la chispa de la vida tiene garantizado el negocio de la felicidad. La Coca-Cola forma parte de nuestra vida. Es una bebida generacional. La generación de mediados del siglo pasado ha comprado cada año el mensaje publicitario-filosófico de Coca-Cola. "La chispa de la vida" en 1975; "Una Coca-Cola y una sonrisa" en 1979; "Coca-Cola es así" en 1982; "Es sentir de verdad" en 1988; "Siempre Coca-Cola" en 1993; "Disfruta Coca-Cola" en 2000; "Para todos" en 2001; "Del Pita Pita Del" en 2004; "Insultos" en 2006; "Generación de los 80" en 2007; "La fábrica de la felicidad" en 2007; "Estrellas fugaces" en 2008; "Destapa la felicidad" en 2010; "Hay razones para creer en un mundo mejor" en 2011; "Héroes" en 2012; "Estamos juntos" en 2014. A los mensajes optimistas añádanse músicas pegadizas e imágenes bucólicas. Hubo excepciones: "Despedido" en 2002. El mensaje hubiese sido cruel este año, cuando la filial de Coca-Cola en España, Iberian Partners, acaba de recolocar, desplazar, trasladar y despedir a casi 1.200 trabajadores. Reestructuración imprescindible según la empresa; despido improcedente según los sindicatos. El expediente de regulación de empleo ha sido denunciado por los sindicatos y por la Inspección de Trabajo. Despedir a cientos de trabajadores y cerrar cuatro fábricas no hace variar el optimismo del mensaje publicista-filosófico de la empresa. El director general de Iberian Partners ni se inmuta: "Tras un periodo complejo y aún con algunas medidas en proceso de aplicación, damos por finalizado el proceso de reestructuración. Ahora es el momento de alzar la vista al horizonte y comenzar a construir el nuevo futuro en el que todos tenemos cabida y en el que juntos podemos aportar valor a nuestros clientes, accionistas y a la sociedad". El determinismo de los procesos, la mirada al horizonte, la esperanza en el futuro y el bien social. Según expertos en publicidad, los españoles identifican la Coca-Cola con la felicidad más que cualquier otra marca. Se ve que el agua con burbujas efervescentes embotellada en botella curvilínea transmite ganas de vivir, transmite felicidad. Según el psiquiatra Rojas Marcos, "El 40% de la felicidad depende de los genes". ¡A ver si el otro 60% depende de la Coca-Cola! Entre adulaciones al consumidor, guiños al trabajador y loas al reestructurador, al director general se le ha escapado que "en este proceso las ventas no se han visto afectadas y la empresa está mejor posicionada para atender a la demanda del mercado". En eso consiste la felicidad, en atender al mercado. Es ley de oferta y demanda. Según Sigmund Freud, "Hay dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo". Hay que ser idiota para creer que la felicidad está en la chispa de la vida.

Del consenso al pasteleo

lunes, 14 de abril de 2014

Foto: Lin Koln
Retirado el presidente del consenso, Adolfo Suárez, desapareció el consenso. Muerto el presidente del consenso, todos han vuelto a hablar de la necesidad de consenso en la política española (ellos dicen en la vida política, pero la vida es otra cosa). Justifican la necesidad de consenso por causa del soberanismo. El soberanismo existe en la vida política española, pero no existe en el diccionario de la lengua española. El soberanismo, aunque no exista, lo vinculan al derecho de soberanía, porque soberanía sí existe en el diccionario. Antiguamente, soberanía significaba orgullo, soberbia o altivez. Actualmente, soberanía significa otra cosa, pero lo soberanistas se muestran a menudo orgullosos, soberbios y altivos. Realmente hablamos de la soberanía nacional, que es la autoridad suprema del poder público, esa que reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos. ¡España se rompe!, gritan algunos, ¡Falta consenso!, reclaman otros. Si falta consenso, falta política. La política es, esencialmente, consenso. El consenso presupone acuerdo. El acuerdo es incluso previo al sometimiento a consulta o votación. El consenso no exige altivez, pero sí altura de miras. El consenso político no exige políticos altivos, sino políticos con altura de miras. Para intentar el consenso hay que estar dispuesto al asenso. Asentir es admitir parte de las propuestas del adversario. Por desgracia, prevalece el asentamiento al asentimiento. Por temor a no conseguir el consenso, se ha optado por vaciar el consenso de contenido. Así ya no es consenso, es amaño, cambalache, componenda, chanchullo, pasteleo.

Reiniciar es volver a empezar

miércoles, 9 de abril de 2014

Foto: Steven Meisel
Reiniciar no existe en español. Reiniciar es un barbarismo. Un barbarismo es un vocablo impropio, por mucho que parezca moderno, por mucho que se use con las nuevas tecnologías. Usar un barbarismo no es una barbaridad, es decir, una actitud temeraria, aunque si tiene algo de barbarie, es decir, de falta de cultura. Reiniciar debiera ser reanudar. Reanudar no es borrarlo todo de la memoria, ni de la memoria histórica, ni de la memoria ram, esa memoria de acceso aleatorio de los módulos de los ordenadores y los servidores, esa memoria de trabajo con instrucciones imprescindibles para el sistema operativo y el software. Reiniciar es volver a empezar. Volver a empezar no es fácil. En 1982 se estrena el PSOE moderno en el gobierno español. El socialismo no lo tiene fácil. En 1982 se estrena Volver a empezar de Garci. La película no lo tiene fácil. La crítica española la critica a conciencia. La conciencia de la crítica se reinicia positivamente, cuando la película obtiene el Óscar a la mejor película extranjera, por primera vez para el cine español. Es la mezcla del exilio y el retorno, de la dictadura y la democracia, del amor de la juventud y la enfermedad de la vejez, de la literatura culta y el fútbol popular, de la banda sonora europea y el Begin the Beguine de Cole Porter, de los escenarios asturianos y los californianos, del pasado y el presente. Es el continuo impulso de reiniciar la trayectoria vital, mejor dicho, de reanudarla, de reconducirla. Volver a empezar es difícil. No intentarlo es cobarde.

Adolecer y amenazar

domingo, 6 de abril de 2014

Foto: Steven Meisel
Cuando se adolece de valentía, se amenaza la consecución del objetivo. Obvio militarmente, verdadero políticamente, falso lingüísticamente. Doble error habitual en el lenguaje, doble error en la forma, aunque no en el fondo. Habría que decir: "Cuando se carece de valentía, se pone en riesgo la consecución del objetivo". Adolecer no es carecer o no tener, y menos no tener valentía, que es una cualidad, que tiene que ver con la capacidad, la fuerza y la energía. Adolecer es tener un defecto o un vicio. No hay que confundir carencia con deficiencia. Si el líder adolece de defectos, no es que carezca de ellos, es que los tiene. Si el líder se rodea de aduladores, los defectos no se corrigen, se acentúan. Si los defectos del líder se acentúan, el objetivo se aleja. Amenazar es dar a entender a alguien que se le quiere hacer o se le va a hacer daño. Amenazar también es avisar de que inminentemente va a pasar algo negativo. No hay que confundir amenaza con advertencia. No obstante, es peor confundir amenazar con amagar. No hay más que acudir al diccionario para comprobar que amagar no sólo es amenazar con hacer algo y no hacerlo, es decir, aparentar, fingir o simular (asumiendo que no es lo mismo simular que disimular), sino que amagar también es dejar ver la intención de ejecutar inminentemente una acción. Cosas de la milicia, la política y del diccionario.