La euforia inmediata

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Foto: Amber Gray
El optimismo en política no es ni bueno ni malo, siempre que no distorsione la percepción de la realidad. La euforia, como estrategia, suele conducir al fracaso. La transmisión de la euforia al entorno inmediato, como un afecto, a modo de felicidad trascendente, se convierte primero en satisfacción intrascendente y luego en frustración sorprendente, cuando no se alcanzan los objetivos. La frustración viene de la mano de la decepción, cuando la percepción de una realidad evidente hace caer en picado la curva mental de la falsa euforia. El entorno inmediato no es más que una muestra mínima del entorno, sobre todo si se trata de un entorno inmediato construido a medida, artificialmente. El optimismo en política sólo vale si se contagia al entorno, no al entorno inmediato. 

1 comentarios:

SEVE RYNO dijo...

Namentras eu-fóra sen euforia.