La española cuando besa

viernes, 15 de agosto de 2014

Foto: Nicola Ranaldi
La española cuando besa es que besa de verdad, y a ninguna le interesa besar con frivolidad. Claro que el pasodoble lo empezó cantando Celia Gámez en una opereta de la Postguerra, cuando sólo el beso casto estaba permitido en público, como dictaban las normas de buena conducta del nacional-catolicismo. Los tiempos han cambiado, los besos han cambiado, pero los tópicos continúan. Ahora, según un estudio comparativo publicado por Lastminute, la española es de las europeas a las que más les gusta besar, pero lo hace naturalmente, sin reparar mucho en el lugar donde besa. La cosa requiere datos y matices. El lugar donde besa no se refiere a parte del cuerpo alguna, sino al lugar topográfico. La española no necesita un lugar exótico (playa desierta, cima de montaña, cueva calcárea…), ni un momento romántico (puesta de sol, cielo estrellado, luna llena…), para plantar un beso a su acompañante. En esto de elegir el lugar, hay europeas más exigentes, tiquis miquis, como las alemanas. Sin embargo, cinco de cada diez españolas optan por el beso espontáneo, breve pero ardiente; prefieren el beso apasionado, intenso pero no romántico. La española cuando besa es que besa con realismo, no con romanticismo. Cuestión de naturalidad y naturaleza. A ver si va a ser cierto lo de Sheril Kirshenbaum, quien había demostrado que los labios de la mujer que le pone muchas ganas al beso están bien diseñados para la función básica del beso, la de permitirle, mediante el boca a boca, juzgar, por el sabor de la lengua y la saliva del hombre, si reúne las condiciones para ser el macho alfa, el más adecuado para la reproducción de la especie. Claro que en la Postguerra el besado siempre era un hombre, ahora no siempre.

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