El agua y el pecado

martes, 5 de agosto de 2014

Foto: Steven Lyon
Si beber agua fuese pecado, se bebería más. Somos agua, pero necesitamos agua. Beber poca agua es malo. Beber mucha agua no es bueno. Una persona con riñones en buen estado, alimentación adecuada, ejercicio físico acorde a su edad y actividad sexual regular no precisa beber los dos litros diarios que se recomiendan por doquier. Un litro basta, mejor de agua del grifo que embotellada, por más que nos vendan las ventajas de aguas minerales manufacturadas. No obstante, cada uno ha de saber cuánta agua le conviene. Una pauta recomendable para un adulto medio de país rico podría ser la de beberse dos vasos de agua del grifo, después de desayuno, comida y cena, justo antes de hacer el amor después de desayuno, comida y cena. El pecado no está en el consumo de agua mineral en los países ricos. El pecado está en la falta de acceso al agua potable en los países pobres.

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