El fútbol y el sexo

martes, 17 de junio de 2014

Que el fútbol y el sexo mueven el mundo admite poca discusión. Algunos, románticos ellos (sobre todo ellas), dirán que es el amor el que mueve el mundo. Otros, pragmáticos ellos (menos ellas), dirán que el que mueve el mundo es el dinero. El amor aquí importa entre poco y nada. El dinero importa mucho. El dinero mueve el fútbol y, en parte, el sexo. El sexo pagado, la prostitución, aumenta de modo exponencial en los países donde tienen lugar campeonatos de rango continental o mundial. El sexo prolifera en torno al fútbol; dentro es otra cosa. Cada vez que se celebra, cada cuatro años, un mundial de fútbol, surge la polémica sobre la conveniencia de que los futbolistas practiquen o no practiquen sexo durante la competición. Hay dirigentes de selecciones partidarios de aislar a sus jugadores, para que se concentren antes de los partidos sólo en los aspectos deportivos. Además, en esas concentraciones los jugadores se dedican a jugar al tute, a jugar al mus, a jugar al futbolín, a jugar al billar, a jugar con la consola o a jugar por las redes sociales, es decir, a jugar a juegos aparentemente inocuos, para distraerse y relajarse antes de cada partido. Para estas selecciones el sexo no es un juego. Ni siquiera el sexo matrimonial, más rutinario que rutilante, está permitido. Las esposas de los futbolistas pueden acudir al evento, pero han de alojarse y alejarse, a cierta distancia de sus amados; si bien están mejor vistas las que se quedan en el país de origen, desde el que animan, rodeadas de otros conciudadanos forofos, a los ídolos comunes (entiéndase comunes en la acepción de comunales, no de ordinarios, pues son extraordinarios ellos). Esta es la estrategia deportivo-sexual de la actual campeona del mundo, la selección española. A pesar de la estrategia, en cuanto la selección pierde estrepitosamente el primer partido, la culpa es de Shakira y Sara Carbonero, esposas populares de Piqué y Casillas, defensa central y portero de La Roja, que fallaron estrepitosamente demostrando un alarmante bajón de rendimiento físico y psíquico, sin duda debido al rendimiento exagerado que han de mantener en sus relaciones íntimas por las exageradas exigencias sexuales de sus señoras. No acudamos a científicos, médicos o sexólogos. Acudamos a los expertos del fútbol. Ellos sintetizan la teoría al respecto. Helenio Herrera, mítico ex-seleccionador de España: "El jugador que no aguanta un mes sin relaciones sexuales no está capacitado para ser un jugador profesional". Safet Susic, seleccionador de Bosnia-Herzegovina: "Los jugadores pueden encontrar otras soluciones, incluso masturbarse; este no es un viaje de vacaciones, estamos aquí para jugar al fútbol". Bosnia pierde ante la anárquica Francia; España pierde ante la festiva Holanda, cuyos jugadores andaban de farra y samba las noches previas al partido inaugural. Culpar a Shakira y a Sara es absurdo. Luis Felipe Scolari, seleccionador de Brasil, quien conoce bien a su país y a sus jugadores: "No me importa que mis jugadores practiquen sexo durante el mundial, pero sólo si es sexo normal y sin acrobacias". La obsesión por la moralina es cosa de neo-conservadores. La obsesión por la moralidad es cosa de demócrata-cristianos. La obsesión por la competitividad es cosa de neo-liberales. La obsesión por la sociabilidad es cosa de social-demócratas. La obsesión por la normalidad es cosa de los demócratas. El fútbol es un juego. El sexo también. La política no.

3 comentarios:

estrella dijo...

Vistos los resultados de la Selección, no sé si es por la continencia sexual, por haber llevado a sus churris y no poder tocarlas, por estar rodeados de mulatas espectaculares y no poder catarlas, por ver como las catan los equipos contrarios y nos meten cinco goles.
Total, que se vienen sin mojar, chorreaos y humillados.
Mejor el sexo, claramente.
Bss

Funcio dijo...

De fútbol sei o xustiño. Podería falar de Shakira... Pero estou mellor calado.

Saúdos cordiais

Nario dijo...

Funcio, me gustas cuando callas por estás como ausente... (Pablo Neruda) (¿O era Alfonso Rueda?)