El coolhunter, la moda y la política

sábado, 15 de febrero de 2014

Foto: Andrey Yakovlev
El coolhunter es un cazador de tendencias, un experto en marketing, mejor dicho, un experto en consumo de masas, que anticipa a su empresa las tendencias sociales. El coolhunter típico presta sus servicios a la industria de la moda. El coolhunter ha de ser un experto en captar y analizar hábitos de consumo y estereotipos de consumidor, sobre todo hábitos y estereotipos para un futuro inmediato. Como todo buen cazador, ha de ser un buen explorador, porque de la exploración sale la prospección. Las reservas de caza del coolhunter son las calles asfaltadas y las redes cibernéticas. Las armas de caza del coolhunter son las cámaras digitales y las tabletas informáticas. El colhunter ha de ser certero a la hora de apuntar. El coolhunter ha de ser sintético a la hora de informar. El coolhunter actúa presionado por el sistema just in time, que le exige rapidez. El coolhunter no puede ser un cazador aventurero y romántico, como Robert Redford en Memorias de África, que espera a que Meryl Streep resuelva sus dudas de consumo emocional. El tiempo de Nueva York, Londres, París o Milán no es el tiempo de la sabana de Kenia. La caza tiene similitudes, pero también diferencias. El coolhunter profesional puede trabajar como autónomo, como empleado de una agencia de publicidad o como empleado de una firma de moda. El coolhunter profesional cobra en dinero y cobra bien. El coolhunter aficionado, a tiempo parcial, cobra en especie y cobra bien. Uno y otro son expertos en gestión de la información y en percepción de la vida; ambas cualidades están bien pagadas. Por la política deambula el coolhunter, el cazador de tendencias de voto, a partir de su conocimiento de los movimientos sociales y de las redes sociales. Hay diferencias básicas entre la política y la moda. El coolhunter de moda caza tendencias de consumidores. El coolhunter de política caza tendencias de ciudadanos. El coolhunter de moda se limita a cazar tendencia. El coolhunter de política no se limita a la tendencia; confunde tendencia con querencia; quiere influir en los ciudadanos; quiere crear opinión. No se confundan: el que influye no es un coolhunter, es un trendsetter.

5 comentarios:

Deleg. Estudiantes Humanidades dijo...

Llegamos a la conclusión de que el papa intenta ser un influenciador de masas, pero resulta que nuestros gobernantes y la conferencia episcopal únicamente reciben y transmiten los mensajes que más les convienen, omitiendo el resto.

CALATRAVA dijo...

SOBRA EL BOLSO!!!!!!!! TANTO CONSUMISMO!!!!!!!!

Siro dijo...

En política, de tendencia a tendencioso un paso.

estrella dijo...

Vamos a llamar a las cosas por su nombre, el coolhunter es lo que toda la vida se llamó un listillo. Alguien que se crea la fama de que sabe de algo, se limita a ver cositas que le gustan y las difunde y alaba como si fuera la new pólvora. Siempre hay un pardillo o pardilla, inseguro y dubitativo que le sigue a pies juntillas. Aunque el estilismo en cuestión le siente como a Madonna el alzacuellos.
También se puede recurrir a un personal shopper que te saque una pasta por acompañarte a ir de compras y convencerte de lo bien que te queda algo que tú no habrías comprado en la vida y con lo que siempre te vas a sentir disfrazada.
Por último, está el recurso al coach, o sea, pagarle a alguien que te canta las verdades del barquero para que te hundas en la miseria con la promesa de que te ayudará a sentirte mejor. Verdades que en tu fuero interno ya conoces y que con alguna de ellas convives estupendamente.
En fin, que coolhunter, coach o personal shopper, te engañan si te dejas y que al final solo esconden el miedo a atreverte a tomar las riendas. Además te sale carísimo.
Bss
P.D. En política también hay que tener cuidado con los ideólogos de la nada, salen igual de caros.

Felipe dijo...

Está el cazador de elefantes disecados, mi jefe, y la chupadora de trompas, la encargada. Es la escena de caza del despacho cada día.