El díscolo y el discóbolo

jueves, 23 de enero de 2014

Foto: Greg Kadel
En el lenguaje político hay términos que se ponen de moda, especialmente aplicados por ciertos periodistas a ciertos partidos. Según la prensa, al partido socialista últimamente le salen díscolos por todas partes: los díscolos proponen primarias abiertas en todos los procesos electorales; los diputados catalanes díscolos rompen la disciplina de voto sobre la consulta soberanista; los concejales orensanos díscolos rompen la disciplina de voto sobre cuestiones locales... Se trata de dar impresión de que hay indisciplina en el seno del partido socialista y de que hay mano blanda a la hora de imponer la disciplina interna. Se trata de dar impresión de que quienes no son capaces de gobernar su casa difícilmente serían capaces de gobernar un país, una autonomía o un ayuntamiento. El lenguaje popular es menos sutil que el lenguaje político: "Éstos montan un circo y les crecen los enanos"; "Éstos eran pocos y les parió la abuela"; "A perro flaco todas son pulgas"... La precisión en el lenguaje es importante. Del díscolo dícese que es avieso, perturbador e indócil. Si es avieso, es agitador, amotinador, atravesado. Si es perturbador, es perverso, protagonista, provocador. Si es indócil, es indisciplinado, insubordinado, insurrecto. Si además de indócil el díscolo es imbécil, la cosa se complica. Si el díscolo es discípulo de otro díscolo, al que considera maestro, la cosa se complica más. El díscolo tiene afán por aparecer en los medios donde le han colgado la etiqueta de díscolo. En esos medios el díscolo se presenta como adalid de la disconformidad, como rebelde con causa, como rebelde con una causa promovida o inventada por el propio díscolo o por el maestro del díscolo. El díscolo plantea la disconformidad haciendo uso del eufemismo lingüístico. Donde hay disensión y divergencia, el díscolo habla de debate interno, diferencia de opinión o discordancia constructiva. No hay eufemismo que valga cuando la discordancia no tiene que ver con la discrepancia, sino con la discordia. Sembrar la discordia no es cultivar la discrepancia. ¿Sabe el díscolo que el discóbolo nunca lanzaba los discos contra los suyos, ni contra el público?

1 comentarios:

Rebe dijo...

Yo siempre fui de los díscolos de vinilo más que de los díscolos compactos.