Cuando el magnate es mangante

martes, 31 de diciembre de 2013

Foto: Greg Kadel
Cuando el magnate es mangante, la cosa cambia. La diferencia no es cuestión de etimología, ni de ortografía, ni de dislexia, ni de simple adición de consonante. Cuando el magnate era magnate, era magnético (además de poder, tenía imán). Cuando el magnate era magnate, magnate venía de magno, de gran persona. Cuando el magnate era magnate, era hombre (casi nunca mujer) eminente, influyente, prominente, sobresaliente en una actividad productiva. Cuando el magnate era magnate, destinaba parte de la fortuna amasada a la filantropía, al mecenazgo, a la protección. Cuando el magnate es mangante, destina parte de la fortuna amasada a la ostentación, al despilfarro, a la corrupción. Y es que mangante tiene que ver con maleante, mangui, manguta, mangancia y mangoneo. Cuando el magnate es mangante, el mangoneo, es decir, el enchufismo, la estafa, la prevaricación, transforma la democracia en una plutocracia, que no es precisamente el control del gobierno por personajes tan nobles como el Pluto de Walt Disney, sino el control del poder por quienes tienen el dinero, como el Pluto de Dante, ese demonio perruno que vivía en el cuarto infierno de la menos divina de las comedias. Como decía el escéptico Bernard Shaw: "La plutocracia, después de destruir el poder real por la fuerza bruta con disfraz de democracia, reduce a la nada esa democracia. El dinero es el que habla, el que imprime, el que radia, el que reina (…) Los reyes, también los jefes socialistas, tienen que acatar sus normas y paradójicamente suministrar fondos para las empresas de aquellos". Es que cuando el magnate es mangante, la cosa cambia.

1 comentarios:

CALATRAVA dijo...

QUEDAMOS POCOS MAGNATES CON MAGNETISMO.

FELIZ AÑO A TODAS LAS MUJERES DE BUENA VOLUNTAD.