El cura, la puta y el cementerio

martes, 3 de septiembre de 2013

Foto: Peter Lindbergh
Relato de verano en el Hemisferio Norte: "El cura, la puta y el cementerio". Podría ser el título irrespetuoso e irreverente de un relato de ficción, pero es la vida misma. Llámese, si se quiere, al cura sacerdote, a la puta prostituta y al cementerio camposanto, pero son lo que son. Los hechos: el sacerdote, Arthur Coyle, de la Archidiócesis de Boston (USA), es detenido por la policía al ser descubierto in fraganti manteniendo relaciones sexuales con una prostituta en el cementerio de Lowell (Massachusetts, USA). La ley civil: el cura, pillado in fraganti e interruptus, es detenido y trasladado a comisaría, donde pasa una noche en el calabozo, hasta que, tras pagar una fianza de 500 dólares (estamos en USA), recupera la libertad, aunque deberá defenderse en un juicio por escándalo público y por contratar los servicios de una puta, lo cual es delito en Massachusetts (estamos en USA). La ley eclesiástica: el sacerdote, Prelado de Honor Superior de la Archidiócesis de Boston, por nombramiento directo del Santo Padre Benedicto XVI, es relevado de sus funciones, ipso facto e in fraganti, no tanto por solicitar los servicios de la meretriz como por servirse de ellos en el camposanto, que, como su nombre indica, es un lugar sagrado. Todo, casi todo, se justifica. Que el cura tenga necesidades físicas e instintivas se justifica porque es hombre. Que contrate servicios personales privados se justifica porque vive en el país del libre mercado. Que contrate servicios de la economía sumergida se justifica porque así protege la imagen de la parte contratada y de la parte contratante. Que la prostitución sea delito en Massachusetts se justifica porque por allí son más moralistas que los vendedores de la moral, no porque les preocupe la explotación sexual de la mujer. Que el cura contrate los servicios de la puta se justifica porque así se evita la pederastia. Que mantengan sexo en el cementerio no se justifica, aunque hay que reconocer que el lugar es tranquilo y no molestan a nadie. Decía César Vallejo: "¡La tumba es todavía un sexo de mujer que atrae al hombre!".

3 comentarios:

Rita dijo...

¿Qué será más pecado hacerlo con el cura o hacerlo en el cementerio?

Felipe dijo...

El jefe, la encargada puta y el despacho.

Felipe dijo...

El jefe cura, la encargada puta, el despacho cementerio y el triste enterrador.