Tocamientos impuros

miércoles, 17 de julio de 2013

Foto: Raúl Dap
Para la Iglesia son pecado los pensamientos impuros y son pecado mortal los actos impuros. La Iglesia separa los actos de los pensamientos. El sexto mandamiento: "No cometerás actos impuros". El noveno mandamiento: "No consentirás pensamientos ni deseos impuros". La Iglesia entiende que los actos son tuyos y los pensamientos de los demás; los actos no debes cometerlos, los pensamientos no debes consentirlos. La Iglesia separa los pensamientos impuros de los pensamientos puros. Sin embargo, para la Iglesia todos los tocamientos son impuros; no hay tocamientos puros. Ahora bien, y ahora mismo, en materia de tocamientos la Iglesia es la Casa de Tócame Roque, expresión literaria que San Juan de la Cruz popularizó en un sainete; comparación proverbial para aludir a que en esa casa hay un desbarajuste, un desorden en el que nadie se entiende. Cádiz (España), año 2013 después de Cristo, gobierno católico-apostólico, colegio concertado con ideario religioso… el director, sacerdote y profesor, es detenido por la Policía, acusado de cometer tocamientos impuros a más de una docena de alumnos, obviamente menores de edad. Según fuentes policiales, el cura "efectuaba tocamientos superficiales no consentidos en las zonas erógenas de los alumnos". Si se consultase a fuentes eclesiásticas, probablemente se obtendrían matices teológico-conceptuales sobre la superficialidad, la infancia, el consentimiento y el erotismo. Pero, en el estado en que se halla el Estado aconfesional, no interesa la consulta; salvo que el Estado no sea aconfesional sino ¡Ah, confesional!, en cuyo caso el caso debiera pasar a la Conferencia Episcopal para que analizase la casuística, que ya no sería cuestión de estado. Según fuentes policiales, el cura, además de tocamientos, aplicaba a los alumnos "amenazas y castigos corporales severos". Si se consultase a fuentes eclesiásticas, probablemente se obtendrían matices teológico-conceptuales sobre la disciplina, la severidad, el castigo y el cuerpo, introduciendo dudas razonables sobre tales acciones como eximentes o agravantes. No es de justicia atribuir a la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Cádiz más interés en resolver el caso que a las autoridades eclesiásticas. No es justo, ni necesario, porque la orden religiosa que dirige y se beneficia del centro concertado ha actuado de forma "fulminante", cual rayo de arcángel, cesando ipso facto al cura director. La justicia divina es inmediata, no como la civil, aunque, como apuntaba Santo Tomás de Aquino, "justicia sin misericordia es crueldad". Aún habrá quien opine que la crueldad tiene más que ver con el erotismo que con la religión.

3 comentarios:

Felipe dijo...

Pero lo de chupársela al jefe cada día, como hace la encargada, sin tocársela más que con dos dedos ¿se considera tocamiento?

Roberto R Bravo dijo...

La Iglesia cristiana (que no Jesús de Nazareth o de Galilea o de Belén o...), en especial la católica, siempre ha tenido un problema con la sexualidad, que se revela en su fanatismo persecutorio, su represión a la libre expresión de la sexualidad (además de la libre expresión a secas), su entrometimiento en la vida íntima de las personas, y al mismo tiempo en sus contradicciones históricas, su abundante pederastia, su lenidad interna, su encubrimiento, su tardía asunción de responsabilidad y su hipocresía.

estrella dijo...

Siempre he tenido la duda de si la pureza o impureza de los tocamientos la determina quien los realiza o quien los recibe.
Yo soy consciente de tocar con intención,a veces, algunas veces, pero otras no.
En ese caso, no puedo ser responsable de la reacción del/la tocado o tocada.
Otras veces, cuando la tocada soy yo, hay que tener clara la intención del/la tocador. El chasco puede ser tremendo si, creyéndome lo que no es, me veo ya más que tocada. Igualmente de tremendo el chasco si, siguiendo un juego, se me hace responsable de una reacción inesperada.
En cualquier caso, hay que tocar y dejarse tocar para compensar LINE, WhatsApp, email, Facebook....
bss
P.D. Hay roces mucho más impuros que coitos.