El tazón chino

viernes, 29 de marzo de 2013

Foto: Ken-Ichi-Murata
Un tazón es un bien material. Habitualmente un bien material satisface una necesidad; esporádicamente un bien material satisface un deseo. Un consumidor compra en una venta de garaje un tazón, por el que paga 3 dólares (economía sumergida en sentido literal, por suburbana y subterránea). El tazón, blanco, sencillo, mínima y geométricamente decorado, pero finamente rematado, resulta ser una reliquia medieval, un milenario cuenco Ding de la dinastía Song. Los de la Galería Sotheby's calculan que se podrían sacar por el tazón en subasta unos 200.000 dólares. Giuseppe Eskenazi, capitalista londinense, sube la puja, la gana y paga por el tazón chino 2.225.000 dólares. El consumidor primigenio se convierte de golpe en millonario, aunque se queda sin su tazón. El tazón chino es un bien escaso; sólo queda otro ejemplar en el Museo Británico. Un bien escaso es un bien económico susceptible de adquirir en el mercado un valor monetario según la demanda de satisfacción de necesidad o de deseo. Un bien escaso es justo lo contrario a un bien libre. El aire es un bien libre; resulta imprescindible para satisfacer la necesidad de respirar, pero abunda tanto que carece de valor monetario. El tazón chino es un bien económico muy escaso, casi exclusivo; no satisface necesidad utilitaria alguna, pero satisface el deseo del propietario. El deseo individualista, egoísta, ambicioso, codicioso, constituye la esencia de un capitalista que se precie. La exclusividad del producto, al margen de la banalidad del tazón chino, constituye para el capitalista propietario el objeto de deseo que le aleja de la nimiedad, la futilidad, la vulgaridad, dominantes entre congéneres de los que reniega. Mientras muchos tienen cada vez menos bienes para satisfacer sus necesidades básicas, unos pocos acaparan más bienes para satisfacer sus deseos caprichosos. No es la esencia del capitalismo; es la esencia del falso liberalismo. Los hay que confunden tazón chino con jarrón chino. Como decía Voltaire, "sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos".

4 comentarios:

Mis experimentos académicos dijo...

Las leyes de propiedad intelectual inducen un fenómeno alternativo: abunda cierto producto -basura- en el mercado que carece de demanda; se pretende venderlo igualmente por un precio excesivo a quien no desea comprarlo; para proteger el artículo -escoria artística- se promueve un paquete de medidas prohibitivas que terminan afectando a todo el sector y que contribuyen a una nueva caída de la demanda. Incluso el libre intercambio de productos descatalogados, no comercializados y ajenos al mercado, se considera una actividad ilegal aun cuando no resulta posible identificar el beneficiario de la regalía o cuando haya caducado el copyright. Si tengo un viejo disco de 1940, con un sello desaparecido en 1943, y distribuyo su contenido gratuitamente antes de que lo reedite una firma comercial que tampoco ha abonado el copyright original ni su royalty, ¿quién está cometiendo la infracción? ¿Cómo puede una sociedad mercantil exigir una compensación económica por un bien que no ha generado y cuyo derecho de explotación es jurídicamente incierto?

BAKUNIN dijo...

Mao ya decía que leer demasiados libros es peligroso. El Capital de Marx es demasiado libro.

CALATRAVA dijo...

DENTRO DE NADA HABRÁ COPIAS DE ESE TAZÓN CHINO EN TODOS LOS BAZARES CHINOS A MENOS DE TRES EUROS.

estrella dijo...

Satisfacer una necesidad o satisfacer un deseo.
Distinguir necesidad y deseo es cada vez más difícil.
El sistema convierte en necesidad el deseo, a través del proceso de
creación de belleza y cultura de la satisfacción de la necesidad.
Lo que soy y lo que quiero ser, lo que tengo y lo que quiero tener.
El secreto está en controlar la "no satisfacción" del deseo, que es algo que puede pasar y que no puede alterarnos.
bss
P.D. Hay deseos y deseos, deseables y deseados.