El viaje de Francisco de Asís

sábado, 19 de enero de 2013

Foto: Jean-François Jonvelle

Francisco de Asís era un santo de la Iglesia católica. Francisco de Asís era un delegado del Gobierno católico. Francisco de Asís, indignado de la época, tenía sus más y sus menos con las autoridades civiles y eclesiásticas. Francisco de Asís, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, criticaba la laxitud legal sobre consumo de drogas blandas y advertía que "sería iluso pensar que por legalizar el cannabis iba a dejar de haber tráfico de drogas". Francisco de Asís, santo austero y simple, llegaba al éxtasis tras viajes alucinantes. Francisco de Asís, delegado austero y simplista, consideraba que los viajes alucinantes de la marihuana eran "la principal causa de los ataques psicóticos en los adolescentes". Francisco de Asís, fraile pobre a pesar de haber nacido en alta cuna, valoraba las bondades de los productos naturales. Francisco de Asís, médico además de alto cargo, no valoraba las bondades terapéutico-naturales de la marihuana. Francisco de Asís, santo eremita, viajaba al Monte Alvernia, donde ayunaba y rezaba hasta que se le bajaba una bola de fuego del cielo. Francisco de Asís, delegado propagandístico, viajaba a la comarca de Arousa (emblemática como cuna y sepultura del narcotráfico gallego) para censurar la banalización social del consumo de marihuana. Francisco de Asís, en su viaje alucinante, recibía del propio Cristo los estigmas de la crucifixión en sus manos y pies. Francisco de Asís, en su viaje alucinante, no sabía cómo explicar la supresión de las ayudas públicas a las entidades que se enfrentaban al drama de la drogadicción. Los viajes de San Francisco de Asís no eran menos alucinógenos que los de Francisco de Asís.

2 comentarios:

Asun dijo...

Señor Armas, sabe usted bien que las monjas no fuman en los conventos y sin embargo tiene que poner esas fotos irreverentes aunque menos mal que esta no es pornográfica.

estrella dijo...

Alucinógena es cualquier sustancia que comida, bebida, esnifada o suministrada en el torrente sanguíneo, nos distorsiona la percepción de la realidad, nos hace perder los límites de la conciencia, nos deshinibe y nos hace comportarnos de forma diferente a como lo hacemos habitualmente.
Alucinante es aquello que se nos antoja increible, inverosímil o descabellado, que nos deja impactados, impresionados y ojipláticos.
Tan alucinógeno es el vino como la marihuana. Es cuestión de cantidades, oportunidades y estabilidad emocional. La legalidad/ilegalidad es otro tema, cuestión de matices o de intereses.
bss
P.D. El sexo puede ser alucinante, alucinógeno y/o ambas cosas. También es cuestión de cantidad, oportunidad y estabilidad emocional.