El sexo de la monja

sábado, 5 de enero de 2013

Foto: Brian Ypperciel
El sexo de la monja pone en evidencia la mojigatería vaticana. Recomendable lectura navideña: Just Love (Simplemente amor), de Margaret Farley, monja de la congregación de las Hermanas de la Misericordia de las Américas y profesora emérita de ética cristiana en la Divinity School de la Universidad de Yale (USA). El sexo de la monja, concretamente su pensamiento sobre el matrimonio homosexual, el divorcio, el segundo matrimonio, la masturbación, la ética médica y la ética cristiana, es vetado por la oficina de ortodoxia de la Santa Sede. La otra congregación, la del departamento doctrinario vaticano, la Congregación de la Doctrina de la Fe, advierte que la monja teóloga muestra una "comprensión defectuosa de la naturaleza objetiva de la ley moral natural", pues sus libros y artículos, premiados por otras instituciones académico-mundanas, "contradicen frontalmente la enseñanza católica en el campo de la moralidad sexual". A la monja se le ocurre pedir respeto a las uniones entre homosexuales para reducir el odio hacia los mismos; la jerarquía vaticana contraataca con que los "actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y contrarios a las leyes naturales" (no digamos a las divinas). A la monja se le ocurre afirmar que los cristianos, ahora más conocedores del sexo, "necesitan examinar la posibilidad de un desarrollo de la ética sexual". A la jerarquía eclesiástica no le interesan ni la ética, ni el desarrollo, ni el sexo de la monja. Dice el refrán popular: "amor de monja y pedo de fraile, todo es aire".

3 comentarios:

CALATRAVA dijo...

¡AH, LA CLAUSURA, EL CONVENTO LLENO DE HABITÁCULOS, CENÁCULOS, CULOS...!

BAR MARCÓN dijo...

¡OÍDO, COCINA!

¡UNA DE SUSPIROS DE MONJA!

En estas fechas tan señaladas los clientes más austeros y creyentes del Bar Marcón suelen pedir de postre los sobrios: SUSPIROS DE MONJA. Los ingredientes son tan pobres y comunes que los hay en cualquier convento por muy de clausura que sea: 150 gramos de harina de El cartero siempre llama dos veces; 50 gramos de mantequilla de El último tango en París; 100 gramos de Azúcar amarga; 2 cucharadas de azúcar glass con glassmour; 1 vaso de agua mineral francesa Perrier o española Delgrifo; 3 huevos por romper el par de huevos típico; ralladura de limón del huerto del convento; aceite lubrificante; sal (no, que es clausura). Para preparar este postre hace falta una monja de clausura con experiencia y sin prejuicios ni perjuicios, o sea, de espíritu descarado y cuerpo cachondo. Preparación: enharinar la mesa de la gran cocina del convento en un momento en que no circule por allí la madre superiora; mezclar la harina sobrante con el agua francesa; hacer un francés al jardinero (primer suspiro); sacar la mantequilla del frigorífico; aplicar la mantequilla a la masa; aplicarse la mantequilla antes de meter mano a la masa; amasarse por donde haya mantequilla hasta la sensación de la gloria bendita (segundo suspiro); rallar el limón por el patio meneándose al ritmo de Mi limón mi limonero, entero me gusta más; no rallarse más de lo justo y necesario; calentar al resto de las monjas (tercer suspiro); añadir a la masa la ralladura de limón, el azúcar y la sal, aunque parezca una contradicción, como la de ser una monja bisexual y lesbiana; cocer y remover seguido con unas varillas; liarse un canuto con marihuana del huerto del convento; fumárselo mientras se cuece la cosa (cuarto suspiro); retirar del fuego de la pasión; dejar entibiar mientras otras plantan unas endivias en el huerto; acariciar los huevos al sacristán (quinto suspiro); romper los huevos y añadirlos uno a uno, trabajando bien la pasta hasta que los huevos se sientan como en casa, bien incorporados; formar los suspiros con una manga pastelera y una boquilla rizada; mangar al marido de la pastelera y tirárselo en el convento antes de que confiese la receta (sexto suspiro); hacer una fellatio el domingo al cura párroco con la boquilla rizada antes de la misa en latín (séptimo suspiro); dejar que caigan los suspiros en la sartén del pecado; espolvorear con azúcar glass los suspiros y la mesa de la cocina y repetir la escena de El cura siempre llama dos veces (octavo suspiro); confesarse. Para servir a Dios y a usted.

estrella dijo...

Aunque hay otro post para comentar no puedo resistirme a reflexionar sobre el desorden de los actos sexuales, porque si los homosexuales son desordenados, querría saber como cuanto de ordenados son los heterosexuales.
Si me pongo encima y me muevo como si yo tuviese un tremendo pene que controla el orgasmo, es ordenado o desordenado?
Si teniendo a mi pareja de espaldas busco y disfruto de sus puntos de placer, es ordenado o desordenado?
Si mi pareja eyacula en mi boca después de llevar un rato besando y lamiendo su pene, es ordenado o desordenado?
Si estando junto a mi pareja nos masturbamos a la vez, a veces el uno al otro y a veces para el otro, es ordenado o desordenado?
Siento el realismo de las descripciones, pero esto de los curas y la curia consigue sacar mi lado más perra.