Salpicaduras

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Foto: Bruno Brisan
La crisis del capitalismo salpica a todos, a algunos como una lluvia ácida, a otros como una lluvia dorada. Las salpicaduras pueden ser anecdóticas o simpáticas, escatológicas o repugnantes. Hay quienes hasta ven negocio en las salpicaduras. Un par de jóvenes emprendedores catalanes han patentado las pegatinas de urinario, que, en contacto con las salpicaduras excesivas o reiteradas de chorros de orina mal dirigidos, muestran caras de famosos del deporte (Mourinho, Guardiola...) o de la farándula (Torrente, Belén Esteban...). Los inventores empresarios calculan que venderán en el próximo trienio casi un millón de pegatinas de la marca Nosalpiques, resistentes a más de mil usos. Incluso los meapilas neoconservadores ven bien el negocio a costa de las meadas. Ellos se mean de risa mientras hay mucha gente meándose encima o meándose de miedo. Luego, en la intimidad clandestina, ellos son los que pagan por disfrutar de la lluvia dorada. Ellos le dan rango cultural. Ellos explican como el promiscuo y todopoderoso Zeus, convirtiéndose en lluvia dorada, preñó a la bella Dánae, encerrada en una jaula, y como, de aquella lluvia divina, nació Perseo. Ellos ocultan que la urolagnia es una parafilia sexual que les lleva al orgasmo udinista, cuando una hembra exótica y explotada orina sobre su cuerpo o su rostro, o al orgasmo urofágico, cuando, excitados por el morbo, el sonido, la humedad y el calor, se animan a beberse el líquido elemento dorado procedente de la vagina inmigrante, cuyo contenido en sodio y otros minerales no es perjudicial para la salud. Ellos consideran que la urofilia es una práctica fetichista que demuestra atrevimiento y denota categoría social, siempre que se practique en la intimidad del hotel o del burdel. Lo de mear en público es una vulgaridad propia de individuos de clase baja o de clase media venida a menos. Cada vez hay más gente meando en público; unos salpican más que otros. Por el momento, sólo parecen rentables las salpicaduras de urinario.

7 comentarios:

Funcio dijo...

Levo unhos meses que non fago máis que acudir ós servicios, ás veces vou pra miccionar pero a meirande parte das veces vou pra mexar e normalmente pesno nos mesmos cando estou mexando.

Nario dijo...

Funcio, mi madre se empeña en que tenga una botellita de agua mineral de Mondariz en la mesa de trabajo, ¿lo verán bien los jefes? Lo digo porque al ser producto autóctono...

estrella dijo...

Como juego tradicional y culturalmente aceptado está el campeonato masculino de ver quien mea más lejos, apasionante. En el contexto de ese concurso las salpicaduras son daños colaterales.
Luego está la habilidad de no ser salpicado, que depende de que nos situemos fuera del alcance del individuo salpicante (saber cuando no debo estar es un gran aprendizaje) o de que nos proveamos de indumentaria repelente a los líquidos (desarrollar estrategias emocionales de indiferencia, también).
Hay que distinguir a los hombres en función de si nos merece la pena situarnos fuera de su alcance o si, dejándonos salpicar un poco, debemos llevar un buen chubasquero que minimice daños.
bss
P.D. El nivel y la variedad de fluidos que aceptamos dentro de una relación dependen de la complicidad, de la confianza y la deshinibición.

Rebe dijo...

Gotas de pis por el suelo... ¡QUÉ ASCO!

Felipe dijo...

Salpicaduras las que han dejado en la mesa del despacho el jefe y la encargada.

PD Tengo fotos

FUNCIO dijo...

NA GALIZA CHAMAMOS CHOIVA DOURADA Á QUE EVITA OS INCENDIOS DOS NOSOS MONTES, ESES LUMES PROVOCADOS POR INDIVIDUOS ESQUERDENTOS E NACIONALISTAS VERGOÑENTOS QUE QUEIMAN A PROPRIA TERRA.

Nario dijo...

Funcio, mi madre no me deja hacer pis en urinarios públicos.