La canción infinita

sábado, 22 de diciembre de 2012

Foto: Waclaw Wantuch
Hablando de música y tecnología, Jorge Drexler suelta un par de píldoras para la reflexión sobre economía y política. El cantautor se inventa las "aplicanciones", canciones líquidas e infinitas, en las que comparte la autoría con quienes las escuchan, a través de una aplicación y una interfaz complejas, que permiten modificar las letras mediante combinaciones de abstracciones poéticas. Atentos a sus palabras: "La innovación en sí no me interesa, lo que me interesa es la experiencia; ahora bien, creo que es esencial para el desarrollo de un país. Hay toda una economía monumental avanzando a pasos gigantescos, que es la economía china, basada en la reproducción de esquemas de innovación que en gran parte se han desarrollado en USA y en el resto del mundo occidental. Si dejamos de tener eso, ¿en qué vamos a competir con China?, ¿en qué?, ¿en productividad?, ¿en precios? ¡Estamos locos, no hay nada que ofrecer!". Lo dice un artista comprometido, por pura percepción. Quien quiera una versión documentada y científica que siga las investigaciones del médico y estadístico sueco Hans Rosling o del demógrafo alemán James Vaupel, autoridades mundiales en la materia, para comprobar como la China de Mao, sometida a una férrea dictadura, apostó por sanear y formar primero a la población y por dar luego el salto productivo que ha llevado a la internacionalización del "made in China". Los países occidentales siguieron un proceso inverso y más largo; primero se industrializaron, innovaron e inventaron, y luego mejoraron las condiciones de vida de sus habitantes. Otra cosa es la relación entre competitividad y calidad de vida. No ha de confundirse crecimiento con desarrollo. Cualquier índice per cápita no resiste comparación entre China y USA, ni entre cualquiera de ellos y Finlandia, Noruega o Dinamarca. Drexler apunta que para apostar por la innovación y el desarrollo hace falta tiempo, planificación a medio y largo plazo, algo que echa de menos en la política, pues los tiempos y plazos electorales restringen las iniciativas. Una paradoja sólo aparentemente paradójica: "los ciclos electorales son un defecto de la democracia; en democracia debería haber cargos vitalicios, elegidos (no como la monarquía), que permitiesen planificaciones a veinte años como mínimo". Otra paradoja sólo aparentemente paradójica: la dictadura maoísta fue lo suficientemente larga como para sentar las bases de la expansión de la economía china. ¿Y España? Para Drexler, "España se va a volver un país de turismo, donde la gente vendrá a emborracharse en las playas". Es cuestión de fijarse: la marea baja dibuja en la playa sombras chinescas. Es una canción infinita.

1 comentarios:

BRUCE LEE ENDOIRO dijo...

¡SOY ADICTO A COMPRAR EN LOS CHINOS Y A COMER EN LOS CHINOS!