La fragilidad del sillón de mimbre

viernes, 2 de noviembre de 2012

En días de difuntos, réquiem por Emmanuelle. Acaba de morir la musa del sexo iniciático de millones de españoles, quienes, a finales del franquismo, en el tránsito a la democracia, no terminaban de creerse lo que estaban viendo en una pantalla grande de cine de barrio: una elegante, delicada y liberada mujer europea, en un sofisticado entorno asiático, disfrutaba con naturalidad de cópulas, masturbaciones, violaciones, cigarrillos en vagina... difíciles de comprender para los maleducados españoles, víctimas de la moralina y la mojigatería. Emmanuelle, frágil desde un frágil sillón de mimbre, abría sus seductores ojos grandes y miraba de frente a aquellos españoles atónitos, con intención de que ellos abriesen los suyos a la vida. La fragilidad que, paradójicamente, otorgó la fuerza a Emmanuelle duró lo que duró la ficción de Emmanuelle. Después, los fracasos profesionales, los desengaños amorosos, los cigarrillos sin filtro, los excesos con el alcohol, las dosis de cocaína, los cánceres de garganta, de esófago y de pulmón destruyeron demasiado pronto al mito. La mujer real ya venía sufriendo esa destrucción desde su infancia turbulenta, repleta de abusos sexuales y dependencias emocionales. Al final, sabemos el porqué de su frágil mirada seductora. Al final, sabemos el porqué del encanto erótico de su fragilidad. El sillón de mimbre seguirá siendo el icono del erotismo frágil.

3 comentarios:

Paco Tilla dijo...

Para mí Emmanuelle fue más bien un icono de la paja que del mimbre.

CALATRAVA dijo...

¡YO APRENDÍ CON LAS DE ALFREDO LANDA!

Roberto R Bravo dijo...

Bonito homenaje.