Porno en el centro comercial

jueves, 27 de septiembre de 2012

Escenario: Guayaquil (Ecuador), centro comercial San Marino, noche de viernes, terrazas de los restaurantes abarrotadas de familias cenando. Novedad: en la pantalla gigante donde suelen proyectarse anuncios y anuncios, para que las familias consuman y consuman, se proyecta una película pornográfica. Reacciones: unos hacen que no se enteran, otros miran descaradamente las escenas de sexo explícito, unos siguen comiendo, otros paran de comer, unos protestan, otros disfrutan... Disculpas empresariales: "La noche de hoy, a las 21 horas, hemos sido víctimas de hacking a la computadora que emite la señal del patio de comidas. Desconocemos las razones de este repudiable acto y aseguramos a nuestra clientela que investigaremos este suceso. Pedimos disculpas a todos nuestros clientes que han sido afectados", colgó el portavoz del centro comercial en Twitter. Los piratas informáticos son los culpables. Los comensales son las víctimas del abordaje. Las excusas son dadas a través de las redes informáticas. ¡Es la globalización informática, es el nuevo consumo, es el nuevo capitalismo! Hay quienes desconfían del supuesto ataque de los hackers. Hay quienes desconfían de que la proyección pornográfica fuese casual. Hay quienes no conocían el centro comercial San Marino de Guayaquil, que ahora es famoso gracias a la piratería, la pornografía y la publicidad. La empresa se ha convertido rápidamente en el adalid de la defensa de la moral de sus clientes. Ahora bien, si la empresa, mediante estudios de su gabinete de marketing, llegase a comprobar que la mayoría de estos clientes, u otros potenciales que los sustituyan, fuesen partidarios de que les amenizasen las cenas con películas pornográficas, atendiendo a las premisas básicas del capitalismo, esto es, la maximización de beneficios y la adaptabilidad de la oferta a la demanda, estaría dispuesta a satisfacer estas preferencias, siempre que el cine porno proyectado fuese relativo al sexo doméstico, para no desvirtuar el carácter familiar del centro comercial. El mercado no lo justifica todo, antes están la familia y las raíces. En esa estrategia socio-comercial, las películas pornográficas podrían ser importadas, debido a la escasa producción propia y a la mejor calidad del producto foráneo, pero la carta de la cena debería incluir más platos típicos de la gastronomía autóctona, es decir, el sancocho, el caldo de patas, el caldo de manguera, la guatita, la fritada de chancho, las humitas de choclo y los bolones de verde. Se trata de combinar capitalismo global y desarrollo endógeno.

5 comentarios:

Siro dijo...

¿No llaman al hipermercado centro de ocio?

Felipe dijo...

En la oficina tenemos una porno cada día en el despacho del jefe y lo vemos como normal, le llamamos los diez minutos de mamada, como los diez minutos de café.

estrella dijo...

El cine porno se puede ver de dos maneras. Como un mero documental ilustrativo, al modo en que vemos los documentales de animales de la 2 o de Odisseia, mezclando curiosidad, admiración e incredulidad, o como vemos el cine, cine, para sentir cosas. En ese sentido vemos pelis para reir, para llorar o para follar.
Si quiero reir, "Como casarse con un millonario", si quiero llorar, "Magnolias de acero", si quiero reir y llorar a la vez, "El tigre y la nieve", si quiero follar, "Métela otra vez, Sam". En cualquier caso, todo admite la versión a solas y en compañía, eso si, la compañía tiene que ser de confianza, una no llora, ni rie con cualquiera.
bss

Funcio dijo...

En Galicia as películas pornográficas foron cousa do Bipartito noxento.

Hoxe a nosa xente ve Padre Casares ou Matalobos.

Nario dijo...

Funcio, en mi casa mi madre no deja ver la Gallega.