Sembrar nubes

viernes, 24 de agosto de 2012

Sin permiso de la Iglesia, hay científicos que proponen sembrar nubes, cuando el cielo, como bien se sabe, es cosa de Dios. En las parábolas bíblicas Dios anima al hombre a sembrar, pero siempre a sembrar trigo. En un artículo publicado en Atmospheric Science Letters, científicos de la Universidad de Leeds proponen aplicar la técnica MCB (Marine Cloud Brightening), la siembra de nubes de toda la vida, al control de los huracanes, que andan un poco descontrolados por el Atlántico Norte. No caen los científicos en que los huracanes también son cosa de Dios. No caen los científicos en que los huracanes forman parte de las plagas bíblicas que Dios envía periódicamente a islas tropicales, ateas e irredentas, como Cuba. Los objetivos de los científicos son los estrato-cúmulos y las aguas marinas ya que, como apunta el doctor Alan Gadian, "los huracanes obtienen su energía del calor contenido en las aguas superficiales del océano, por lo que, si somos capaces de incrementar la cantidad de luz solar reflejada por las nubes que están por encima de las zonas de huracanes, éstos tendrán menos energía y podremos bajar su intensidad en una categoría, reduciendo significativamente su poder destructivo". No caen los científicos en que, si siembran nubes en el Caribe, disminuyen las nubes en el Amazonas, porque el ecosistema climático es precisamente un sistema, un circuito en el que pueden producirse cortocircuitos, aunque sea por acciones bienintencionadas. Dios tenía controlado el sistema, para sus premios y sus castigos, hasta que los científicos comenzaron con sus dichosas investigaciones demoníacas. Quien siembra vientos, recoge tempestades. Quien siembra nubes...

3 comentarios:

PEMÁN dijo...

ENTÓN EN GALICIA NON PRECISAMOS SEMBRAR NUBES, SE ACASO HABERÍA QUE COLLEITAR NUBES, SERIAMOS UNHA POTENCIA MUNDIAL NA PRODUCCIÓN DE NUBES.

Rebe dijo...

También a mí la cabeza me echa humo.

San Marcos dijo...

Les enseñaba mediante parábolas muchas cosas. Oíd la parábola del sembrador que salió a sembrar. Al sembrar, aconteció que una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron; otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra, y brotó pronto, porque no tenía profundidad la tierra, pero, salido el sol, se quemó, y, como no tenía raíz, se secó; otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto; sin embargo, otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y al ciento por uno. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sembró la confusión.