Matemática electoral

lunes, 20 de agosto de 2012

El Partido Popular de Galicia pone en marcha su maquinaria electoral, pero primero pone en marcha su matemática electoral. El presidente conservador no propone una reforma exprés para ahorrar, sino para ganar las próximas elecciones autonómicas. El presidente pone en la mesa una propuesta demagógica: reducir los diputados del Parlamento de Galicia de 75 a 61. El pueblo, objeto en sí de la demagogia, la ve razonable, como medida ejemplar en época de crisis. El Partido Socialista de Galicia, principal partido de la oposición, se opone, con excepciones, a tal reducción, proponiendo otras medidas de ahorro que no contrarrestan, ni política ni mediática ni popularmente, la propuesta conservadora. No se trata de hacer números. Se trata de hacer matemáticas. No se trata de una cuestión de dineros. Se trata de una cuestión de representatividad. El número de diputados es importante, pero es más importante saber si son o no representativos de los votantes. El presidente ofrece negociar la reforma electoral con la oposición, pero advierte que ni los 61 ni el fijo de 10 por provincia son negociables, es decir, ofrece negociar para no negociar, porque no necesita negocio para este negocio; le basta con aplicar el rodillo de su mayoría absoluta. De un total de 61 diputados, las provincias de Lugo y Ourense, despobladas, arrancan con 20 diputados. El presidente tiene miedo al voto de las provincias más urbanas. El presidente prima en exceso la aldea sobre la ciudad, el agro sobre el asfalto, la tierra sobre la población. El presidente, defensor de la Galicia Única, propone que el voto de un vecino de A Gudiña valga el doble que el voto de un vecino de A Coruña. El presidente lo vende como reequilibrio territorial, cuando de hecho es caciquismo electoral, caciquismo de guante blanco, adaptado a los tiempos que corren. El presidente conservador quiere conservar el poder. En plena crisis, la estrategia de la oposición debiera ser la de aceptar la viabilidad de un parlamento con 61 diputados (mínimo estipulado en el Estatuto de Autonomía), manteniendo la operatividad de la cámara y sus comisiones. Sin embargo, la negociación debiera ser dura en materia de representatividad. El sistema electoral español está deliberadamente pensado para favorecer mayorías que soporten gobiernos estables. Al combinar circunscripciones pequeñas con un reparto poco proporcional de escaños, se obtienen mayorías absolutas más fácilmente. La ley D'Hont favorece de por sí a las circunscripciones menos pobladas y a los partidos mayoritarios en circunscripciones con pocos diputados a elegir. La ley D'Hont favorece a los partidos mayoritarios, pero el sesgo mayor lo introduce el tamaño de la circunscripción. Para la representatividad democrática lo importante es la proporcionalidad. En circunscripciones con menos habitantes y menos diputados a elegir el reparto es menos proporcional. En circunscripciones con más habitantes y más diputados a elegir el reparto es más proporcional. Si se prima en exceso a las pequeñas, por encima de la ley D'Hont, la proporción se transforma en desproporción, que es lo que quiere hacer el presidente conservador a conveniencia. Una circunscripción ajustada en cuanto a demografía y en cuanto a su ámbito de competencias sería más representativa de la soberanía popular. Toda la oposición, no sólo la nacionalista, debiera proponer una circunscripción única para elegir diputados al Parlamento Gallego. Se vería así la contradictoria posición del presidente que, proclamándose máximo defensor de la Galicia Única, no es partidario de la circunscripción única, porque tiene miedo al voto urbano. Hay que tener cuidado con la matemática electoral. La matemática permite trucos. Imaginemos una hipotética negociación. El presidente sigue empeñado en proponer un fijo de 10 diputados por provincia. Ante las reticencias de la oposición, decide cargarse los 10 diputados de la provincia de A Coruña, la más urbana. Quedan pues 30 diputados fijos. La oposición opina que siguen siendo muchos. El presidente accede a quitar otros 5, pero, como las provincias son 3, para evitar agravios, quita sólo 1 por provincia, por tanto, quita otros 3. En resumen, de los 30 quita 3, esto es, si a los 30 quita 3, quedan 27, más los 2 que sobran, hacen un total de 29. El presidente, que es un genio de la matemática y del ahorro, acaba de conseguir que se esfume otro diputado, con el consiguiente ahorro que tanto alegra al pueblo. El voto es del votante, ni del presidente ni de los partidos. No hay que quedarse anclados en la Transición, hay que hablar menos sobre la Segunda Transición democrática y hay que dar más pasos hacia ella. Ya decía Thoreau que "la matemática no miente, lo que hay es mucho matemático mentiroso".

5 comentarios:

Winston dijo...

You know, rojillo, that mathematics arises from many different kinds of problems. At first these were found in commerce, land measurement, architecture and later astronomy; today, all sciences suggest problems studied by mathematicians, and many problems arise within mathematics itself. Some mathematics is only relevant in the area that inspired it, and is applied to solve further problems in that area. But often mathematics inspired by one area proves useful in many areas, and joins the general stock of mathematical concepts. A distinction is often made between pure mathematics and applied mathematics. However pure mathematics topics often turn out to have applications, e.g. number theory in cryptography. This remarkable fact that even the purest mathematics often turns out to have practical applications is called the unreasonable effectiveness of mathematics. As in most areas of study, the explosion of knowledge in the scientific age has led to specialization, there are now hundreds of specialized areas in mathematics. Several areas of applied mathematics have merged with related traditions outside of mathematics and become disciplines in their own right, including statistics, operations research, and computer science. To go into politics in Galician country isn't a science, it's a hard job.

estrella dijo...

Antes de la popularización de las calculadoras importaba realizar las operaciones, ahora, que las maquinitas te dan el resultado final, el problema se complica, si no nos da lo mismo hay que repasar y repasar hasta conseguirlo. Saber el final por adelantado o querer que el resultado sea uno determinado, es así un martirio y aparecen los trucos y estrategias para ir realizando los cálculos intermedios de manera que el resultado final coincida con el que ya sabemos o queremos.
Es decir, manipular las mates para que me den lo que quiero, en román paladino, arrimar el ascua a mi sardina.
No saber el resultado te permite ir trabajando con esmero los procesos intermedios, dando por buenos todos los pasos y aceptando los diversos finales como posibles, si a las variables implicads les resuelven el problema.
bss

CALATRAVA dijo...

MI SEÑO DE MATE ERA DE UN PUEBLO DE OURENSE Y SIEMPRE NOS PONÍA EJEMPLOS RURALES, CON GALLINAS, HUEVOS, VACAS, CERDOS, PATATAS Y COGUMELOS (QUE NUNCA SUPE QUE ERAN, PENSABA QUE ERAN COMO LOS GAMUSINOS).

Moncho de Moeche dijo...

Pois a miña maestra de matemáticas do grupo escolar parecíase á da foto nas gafas.

Felipe dijo...

Un año laboral de esta oficina son unos 240 días. Una mamada de encargada al jefe por día laborable. La encargada entró en 1995... Voy a multiplicar... El resultado en litros es...