El desnudo y la estupidez

domingo, 26 de agosto de 2012

Autor: Darío Ortiz
Hace muchos años, Andersen escribió un cuento sobre el desnudo y la estupidez. Hace muchos años, había un rey muy preocupado por su apariencia, por sus trajes. Un día, el rey escuchaba a dos entonces sastres (hoy serían diseñadores), Guido y Luigi, comentando las cualidades de una tela que habían descubierto. La tela tenía tela. Se hacía invisible a cualquier estúpido. Los idiotas, imbéciles, incapaces e ineptos no podían verla. Por supuesto, la tela no existía y los sastres tampoco. Los hermanos Farabutto eran dos pícaros, que fingían trabajar en la confección de un traje muy costoso, por el que recibían pingües beneficios. Durante las probaturas, el rey no quería reconocer que no veía prenda alguna, para no parecer estúpido. Decidía enviar a dos hombres de confianza a cerciorarse de la valía del traje, quienes tampoco querían reconocer su ineptitud y alababan la prenda. La confección del traje se hacía famosa y los súbditos estaban ansiosos por verlo. El día del estreno, los falsos sastres ayudaban a vestirse al rey, éste se presentaba ante sus súbditos y todos alababan la belleza del traje real, por no quedar como estúpidos. Un niño gritaba: "¡Si va desnudo!". Los demás cuchicheaban. El rey levantaba la cabeza y seguía desfilando. Tres moralejas. Primera: la verdad está al margen de lo que crean todos. Segunda: un estúpido es estúpido cuando pregunta y cuando responde. Tercera: hay mucha estupidez en torno al desnudo. El cuento tiene su versión moderna, que no es cuento. Había un príncipe de la Gran Bretaña desnudo, abrazado por detrás por una joven desnuda, en un hotel de Las Vegas (USA, ex colonia). Alguien, súbdito o no, les fotografiaba. La fotografía era difundida por el ciberespacio. La Casa Real se indignaba y censuraba la edición y la difusión. El diario sensacionalista The Sun acataba la censura y publicaba una recreación de la escena nudista, para la cual utilizaba a una becaria de su sección de moda en el papel de mujer arrimada al trasero principesco. Acto seguido, proliferaban las acusaciones de sexismo en las redes sociales. La explotación es indigna. La moralina sobre el desnudo es estúpida, casi tanto como la monarquía británica. Ya decía Quevedo que "todos los que parecen estúpidos lo son y la mitad de los que no lo parecen también lo son".

2 comentarios:

estrella dijo...

No es lo mismo ponerse ropa que vestirse, acomodar tu aspecto a lo quieres expresar o usar trapos para demostrar lo que no eres. Eso es disfrazarse y es realmente estúpido.
Es tan estúpido juzgar a alguien solamente por su aspecto, como no tener en cuenta la importancia de manejar nuestra presencia externa para relacionarnos en sociedad.
Pero lo realmente estúpido es darle más importancia a un culo que a otro, solo porque sea un culo con posibilidades a ocupar un trono real.
bss

Felipe dijo...

Estúpida es la encargada que se la chupa a un jefe estúpido a medio vestir cada mañana.