Desayunos con Ana

sábado, 4 de agosto de 2012

Ya no habrá desayunos con Ana. La derecha ultraconservadora no quiere que sigamos desayunando juntos. La derecha represiva, disfrazada de gobierno moderado, ha prohibido Los desayunos de TVE, el programa de entrevistas mordaces realizadas por Ana Pastor, que agradaba a los telespectadores selectivos y que molestaba a los políticos mediocres. Poniendo a cero el volumen del televisor, Ana se veía guapa, joven, femenina, elegante, fresca y moderna. Elevando a conveniencia el volumen, Ana se veía rigurosa, correcta, directa, crítica, valiente y, sobre todo, periodista. Cuando los micrófonos de las otras cadenas de televisión se acercaban a bocas que nada tienen que decir (reporteros de la basura, pseudoperiodistas de la prensa rosa y amarilla, tertulianos de verdulería, princesas de barrio bajo, hijos inútiles de famosillos y similares), era un placer matutino disfrutar del desayuno paladeando el tono de la voz y degustando el contenido de la voz de Ana. Entrevistados ilustres, como José María Aznar o Esperanza Aguirre, tan educados como falsos, le pasan factura ahora. Personificada la represión en Ana, la estrategia es más amplia. Los informativos de la televisión pública estaban siendo un ejemplo de profesionalidad y ecuanimidad que no convienen en momentos en los que la manipulación informativa resulta básica a la derecha conservadora para trasladar a las víctimas de su gobierno las bondades de su gobierno. Un primer paso estratégico es la sustitución de profesionales del ente público por otros procedentes de medios afines (cadena radiofónica de los obispos, cadena televisiva madrileña y similares). Televisión teledirigida. Decía Clive Barker que "la televisión es el primer sistema auténticamente democrático, el primero accesible a todo el mundo y completamente gobernado por lo que quiere la gente; lo terrible es precisamente lo que quiere la gente". Primera fase: prohibir los desayunos con Ana. Segunda fase: prohibir los desayunos.

2 comentarios:

estrella dijo...

Existen dos maneras de abordar los desayunos, como inicio o como colofón. Como inicio del dia, te da la pauta del mismo, si es fuerte, sólido y variado, como si no comes nada más en toda la jornada.
Como colofón, dependerá de la noche, desayunar en compañía y estar a gusto, puede ser fantástico, y facilita la repetición, si en el desayuno te sobran palabras y acucia el deseo de salir corriendo, mejor replantearse toda la noche anterior. Arrepentirse, nunca, pero saber donde no se quiere volver a estar, desde luego.
bss
P.D. A poder elegir, siempre desayuno con diamantes, aunque para no pillarme los dedos, los compro yo.

Rebe dijo...

Siempre me tomo el café así...