Morir de placer en Moscú

domingo, 8 de julio de 2012

Moscú ya no es lo que era, la capital comunista, la capital de la homogeneidad; ahora es la capital de la heterogeneidad, la capital de la desigualdad. Bienviven y malviven en la ciudad más de diez millones de rusos, bielorrusos, ucranianos, tártaros y armenios. Fijémonos en uno de ellos, descontento con su vida, contento con su muerte. Sergey Tuganov, 28 años, mecánico de profesión, aceptó la apuesta de dos amigas fogosas: mantener sexo con ellas sin parar durante doce horas a cambio de cinco mil dólares. El mecánico, actuando mecánicamente, con la ayuda de un cóctel de viagra, ganó la apuesta y falleció, por un paro cardíaco fulminante, justo al conseguirlo. Muchos dirán que la muerte por sexo fue una muerte feliz, pero antes de ella seguro que hubo una vida desdichada. Cuestión de determinismo físico y social. Sergey se vio obligado a tal exceso sexual definitivo porque no soportaba el clima de Moscú: los inviernos se prolongaban de octubre a abril, con nevadas continuas (para un mecánico las calles permanentemente nevadas eran un problema permanente), con sólo unos minutos de insolación diarios, con temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero, con heladas heladoras e inhibidoras de la libido; sin embargo, los veranos eran cortos, sofocantes y lluviosos; demasiada continentalidad extrema y demasiada amplitud térmica para cuerpos sensibles como los de los Tuganov. Sergey se vio obligado a semejante esfuerzo final porque no soportaba la presión social: no resistía la comparación de convivir con el mayor número de residentes urbanos con fortunas de más de mil millones de dólares (Jodorkovski, Abrámovich, etcétera); su sueldo mediocre no le permitía pagar diez mil dólares por metro cuadrado de un piso en un barrio de clase media; añoraba los apartamentos prestados por el gobierno soviético; no comprendía la inflación exagerada; no entendía las subidas bruscas de los precios de todo tipo de bienes; no podía permitirse el lujo de vivir en la ciudad más cara del mundo. Mucho frío y poco dinero. Sergey buscó calor y fortuna en el sexo. Murió de placer en Moscú.

5 comentarios:

estrella dijo...

La diferencia entre morir de placer de forma literal y forma metafórica está en los motivos. Muere de placer literalmente motivado por el dinero y ayudado por el viagra, R.I.P.
Morir de placer metafóricamente, suele ser consecuencia de no tener otro motivo que disfrutar, de poder olvidarse de todo y empezar a derretirse por dentro, de sublimar los sentidos, ver, oir, oler y tocar lo que solo en ese momento existe, de despojarse de los límites, de deshinibirse, de no buscar, solo encontrar y dejar que te encuentren.
No está al alcance de todos.
bss

BELÉN dijo...

Felipe, Último Correo del Zar, si te pillara la cosaca de la Berta, ibas a saber lo que era tener placer durante horas y horas, no por una apuesta sino por el placer de follar, aunque fuese sobre la nieve o sobre un témpano de hielo. Después de follarte, bailaría un kasathosck y se pondría con el siguiente, hasta acabar con todo un batallón del ejército ruso. A ella no le afecta lo del cambio climático y tampoco es antimilitarista.

TUS TRES BB + B
(BEA, BELÉN + BERTA)

FUNCIO dijo...

AS 12 HORAS SON AS QUE NOS QUEREN FACER TRABALLAR OS XESTORES DA EFICACIA PERO PAGÁNDONOS SOMENTES 8 HORAS, SEN PAGAS EXTRAS E PLUSES. DE SEXO MELLOR NON FALAMOS E DE FRÍO NAS DEPENDENCIAS XUNTEIRAS ESTAMOS COMO OS NOREGUESES.

¡TODO SEXA POLO PAÍS, POLO PAÍS DELES E DOS PARVOS QUE LLES VOTAN!

ASDO. FUNCIO DELUNS

Nario dijo...

Funcio, ¿mal finde?

Alf dijo...

Estrella, nunca leí nada más sexi, erótico y sensual que tus palabras escritas en estos comentarios. No sé cuántas veces las he leido, pero cada vez me sonaron a puro éxtasis. Si alguna vez has sentido lo que describes, mi mayor felicitación. Yo creo que nunca llegué a tanto. Derretirse por dentro, encontrar y dejar que te encuentren... debe ser el sumun del placer. Ojalá lo encuentre alguna vez.