El chocolate no es bueno para los caballos

jueves, 5 de abril de 2012


Todos los que tienen caballos, por tanto alta posibilidad de evitar la crisis económica y alta posibilidad de conseguir la amnistía fiscal, saben que el chocolate no es bueno para los caballos. Aun así, hay propietarios espabilados que dan chocolate a sus caballos para que compitan mejor en el hipódromo, porque saben que el chocolate es un estimulante, un estimulante prohibido por los organizadores de pruebas hípicas. La teobromina, alcaloide principal del cacao, componente principal del chocolate, es estimulante para los humanos, pero es tóxica para los caballos, que la metabolizan mal, lo cual puede incitarles a atacar en las carreras pero puede provocarles ataques epilépticos o ataques cardíacos. Sin embargo, la feniletilamina, alcaloide del chocolate con fama de afrodisíaco, no surte tales efectos ni en caballos ni en humanos, porque es metabolizada inmediatamente por una oxidasa que apenas deja que lleguen al cerebro cantidades insignificantes. Aunque el chocolate no es afrodisíaco, consumirlo produce placer y regalar bombones facilita el placer. Los humanos tenemos en el cuerpo un par de psicotrópicos, el triptofano y la anandamida, que al consumir chocolate estimulan la serotonina y la sensación de placer. Es normal que los humanos adolescentes ansíen el placer y el chocolate; gracias a compartir chocolate se enamoran, al enamorarse su sistema nervioso consume gran cantidad de péptidos, que el consumo de chocolate compensa; es un ciclo casi natural; de nada vale la amenaza del acné, pues los adolescentes ya saben que es falsa. A las bondades eróticas del chocolate habría que añadir que es rico en polifenoles flavonoides, que protegen el corazón, aminoran la mialgia y reducen el síndrome de fatiga crónica. A pesar de que el procesado industrial del cacao elimina la mayoría de los flavonoides, los humanos que desde la adolescencia son adictos al polvo, al polvo de cacao puro, reciben un gran aporte de antioxidantes que retrasan el envejecimiento, rechazan los radicales libres, reactivan el cerebro y retardan la desaparición de los pensamientos impuros. Llegados a este punto, habrá quienes tengan fundido en su mente el terrible axioma: "el chocolate engorda". La ciencia y la empresa tienen la respuesta. Un estudio de la Universidad de California, publicado en la revista Archives of Internal Medicine, demuestra que el chocolate no engorda, sobre todo si se consume habitualmente. Con el chocolate, como con el sexo, es peor el consumo esporádico que el consumo cotidiano. Los científicos no niegan que el chocolate aporte muchas calorías, y con ellas energía positiva, pero advierten que tiene ingredientes que, en vez de sintetizar los ácidos grasos, favorecen la pérdida de peso, es decir, el chocolate no sólo no engorda, sino que adelgaza, como el sexo. Científicos israelíes corroboran tales descubrimientos de sus colegas americanos y precisan que tomar chocolate al desayuno es la base de una buena dieta de adelgazamiento, porque a esas horas el metabolismo está más activo. Por ello, aunque los científicos no se atreven a decirlo, es bueno, además de desayunar chocolate, hacer el amor después del desayuno, como es bueno montar a caballo después del desayuno y hacer el amor después de montar a caballo. Sin embargo, el chocolate no es bueno para los caballos.

2 comentarios:

Canuto dijo...

Mejor el chocolate que el caballo.

Bar Marcón dijo...

¡OÍDO, COCINA!
¡UNA DE LOMO AL CHOCOLATE!
En Bar Marcón tenemos una exquisitez afrodisíaca en la carta: ¡LOMO AL CHOCOLATE! Hacen falta estos ingredientes: una pieza entera de lomo de cerdo ibérico o peninsular criado en libertad en un monte sin coto de caza; dos cebollas grandes o una cebolla como una olla; dos tazas de puré de tomate adquirido en la tienda de confianza de la esquina, nunca en hipermercado o en tienda que no haga esquina; dos tazas de caldo de la abuela, esté o no esté viva; sal muera o sal viva; pimienta o perjure, pimentón picante o pornográfico; aceite de oliva virgen con certificado de virginidad; 200 gramos de chocolate de cacao puro del Congo Belga. La preparación es muy sencilla, pero no hay que decírsela a nadie: poner a calentar el aceite; poner música caliente; ponerse caliente; calentarse poniéndose; aguantar el tipo y disimular al principio; coger un recipiente alto (no confundir con un recipiente colocado muy arriba); sofreír en el recipiente alto; sufrir al sofreír; sonreír al sofreír; sofreír al sofreír y no variar tanto de estado de ánimo; picar bien las cebollas; sofreír las cebollas bien picadas entre sí; sofreír el lomo; agregar el tomate como un agregado; cubrir el lomo con el caldo de la abuela acordándose de ella a modo de homenaje a la gente mayor; dejar todo cocinando una hora por lo menos; dejar todo, emigrar e iniciar una nueva vida más placentera; pasado el tiempo, picar el chocolate; hacerse un canuto; derretir el chocolate; derretir el peta; remover y remover hasta que la salsa esté espesa, como la vida del emigrante; echarle picante; echarle picante al gusto; echarle picante a la vida, follar todo lo que se pueda; acompañar de un puré de patata o de un arroz; acompañar de varios amantes; degustar, de gustar, repetir una y otra vez.