Carta a María

viernes, 10 de febrero de 2012


Tomo un cortado, como siempre, en el café de la esquina, bien caliente, sin pensar en ello; leo tu carta, María, sin dejar de pensar en ello:

"Esta carta está dirigida a todos aquellos que hoy brindarán con champán por la inhabilitación de Baltasar Garzón. A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo. A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto. Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo. Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición. Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener. Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila."

(María Garzón)

Releo tu carta, María, miro a la gente, siento vergüenza de estar aquí, sentado, como siempre, como imbécil, pensando si vale la pena pensar en ello… o pensar en ellos… Ahora sólo pienso en ti, María.

3 comentarios:

CALATRAVA dijo...

¡QUÉ EL MOET CHANDON LES PROVOQUE GASES PERPETUOS!

Bakunin dijo...

Pedir justicia es pedir que te den la razón, pero para eso los jueces han de ser razonables y los vendidos no son razonables, son vendidos.

Nicolás dijo...

Cuando la Justicia pierde la vergüenza y las formas lo ciudadanos le pierden el respeto y eso es lo que les ha pasado. Cuando el Tribunal Supremo se confunde con un nuevo Tribunal de Orden Público se desvirtúa por completo.