La ilustre fregona

sábado, 24 de diciembre de 2011

Se acaba de morir el inventor de la fregona, "un invento que pone en pie a la mujer", como decían los anuncios de la época, finales de la autarquía franquista, cuando el país comenzaba a abrirse al mundo, después de haber visto en el cine Bienvenido, Mister Marshall de Berlanga. Al ingeniero aeronáutico logroñés don Manuel Jalón Corominas, quien, por cierto, ya tenía nombre de inventor, se le ocurrió, haciendo prácticas en los hangares del país de Mister Marshall, que la mopa de rodillos podría transformarse en un artilugio doméstico que mantuviese las manos de las mujeres lejos de los cubos con agua mezclada con abrasivo detergente y las rodillas de las mujeres lejos de los duros suelos de madera o cemento. Desde entonces, las mujeres usan sus manos para lo que quieren y se arrodillan para lo que quieren. Entonces, el invento español, comercializado por la empresa Rodex, se avergonzaba de ser español; como recuerda el inventor, "hacíamos propaganda diciendo que ya se utilizaba en todo el mundo y ahora llegaba a España, ya que por entonces se prefería lo extranjero por su novedad pero también por su calidad." Entonces, se empezó llamando al invento "aparato lavasuelos", pero pronto se le designó como "fregona", calificativo peyorativo de las señoras de la limpieza. El inventor tenía buenas intenciones, confesaba que "intentaba dignificar un trabajo humilde; fregar de rodillas sólo lo soportaban las mujeres sin otra posibilidad; incluso las amas de casa de clase media esperaban a que el marido no estuviese en casa para arrodillarse a fregar." En La ilustre fregona de Cervantes dos jóvenes de familias burguesas, Carriazo y Avendaño, se habían descarriado, dedicándose a la picaresca, hasta que, en un mesón de Toledo, descubren a Costanza, la ilustre fregona de la que se enamora Avendaño, sin conocer su noble cuna. Fragmento cervantino: "Por venir el día, se fueron los músicos, despidiéndose con las chirimías. Avendaño y Carriazo se volvieron a su aposento, donde durmió el que pudo hasta la mañana, la cual venida, se levantaron los dos, entrambos con deseo de ver a Costanza; pero el deseo del uno era deseo curioso, y el del otro deseo enamorado. Pero a entrambos se los cumplió Costanza, saliendo de la sala de su amo tan hermosa, que a los dos les pareció que todas cuantas alabanzas le había dado el mozo de mulas eran cortas y de ningún encarecimiento. Su vestido era una saya y corpiños de paño verde, con unos ribetes del mismo paño. Los corpiños eran bajos, pero la camisa alta, plegado el cuello, con un cabezón labrado de seda negra, puesta una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una columna de alabastro, que no era menos blanca su garganta; ceñida con un cordón de San Francisco, y de una cinta pendiente, al lado derecho, un gran manojo de llaves. No traía chinelas, sino zapatos de dos suelas, colorados, con unas calzas que no se le parecían sino cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas. Traía tranzados los cabellos con unas cintas blancas de hiladillo; pero tan largo el tranzado, que por las espaldas le pasaba de la cintura; el color salía de castaño y tocaba en rubio; pero, al parecer, tan limpio, tan igual y tan peinado, que ninguno, aunque fuera de hebras de oro, se le pudiera comparar. Pendíanle de las orejas dos calabacillas de vidrio que parecían perlas; los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas." Cada vez quedan en el país menos ilustres fregonas; hay robots que hacen ellos solos las limpiezas o bien fregonas inmigrantes que sacan lustre a las casas de señoras poco ilustradas.

2 comentarios:

Asun dijo...

Que tengan todos una feliz Navidad cristiana y un Próspero Año Nuevo lleno de sentido común y de esperanza.
A ver si el próximo año el Señor Armas deja de poner fotos pornográficas o raras como la de este post que por lo menos habla de Cervantes.

Winston dijo...

I'm reading The Illustrious Kitchen-Maid these days.

Merry Christmas.