El Espíritu Santo y la sopa de paloma

jueves, 8 de diciembre de 2011

El Espíritu Santo y la sopa de paloma o la crónica de la España clerical profunda. Desde que Benedicto XIV prohibiera las representaciones humanas de la Santísima Trinidad, a mediados del siglo XVIII, el Espíritu Santo pasó a ser una paloma. No hay Dios que entienda qué o quién es el Espíritu Santo, pero de algún modo habrá que explicárselo al cura párroco de la Puebla de Don Fadrique (Granada, España), para que deje de organizar cacerías nocturnas de palomas, disparando con escopetas del perdigones desde y dentro de la torre del campanario de la iglesia de Santa María de la Quinta Angustia, edificio singular del siglo XVI. Preocupado como anda por el patrimonio cultural, el señor cura advierte que "hay más de seiscientas palomas en el campanario y sus excrementos son muy corrosivos para el patrimonio monumental; en el municipio hay una auténtica invasión de palomas que están causando graves daños al patrimonio". Preocupado como anda por el patrimonio natural, el señor cura advierte que "está en contra de cualquier maltrato animal; nunca había utilizado perdigones, cogía las palomas a mano para luego sacrificarlas de la forma en la que menos sufriera el animal; las palomas no son aves protegidas". Preocupado como anda por el patrimonio gastronómico, el señor cura advierte que "en municipios como éste las palomas pueden ser un buen alimento; el caldo de paloma está muy bueno y resucita a los muertos". Explicarle al señor cura la resurrección de los muertos en unas líneas sería pretencioso, pero conviene dejarle claro que la paloma representa una realidad espiritual suprema; suprema, aunque difícil de entender y susceptible de controversia entre los teólogos cristianos. Para los unitaristas la paloma no es "algo" sino "alguien", alguien que dota de poder y fuerza a Dios; para los triteístas la paloma espiritual es otro dios, un dios increado, de inferior categoría al Dios principal; para los trinitarios la paloma forma parte del tres en uno de la divinidad; para todos la paloma tiene dones sobrenaturales y sirve de mensajera y mediadora entre los mortales y los dioses. En cualquier caso, hay que advertir al señor cura de que la cacería de campanario, sea para protección, extinción o manutención, puede ser un pecado grave, sobre todo si, como ha trascendido, el cura hace copartícipes de sus matanzas nocturnas a menores de edad, lo cual trae consigo el agravante de inducción al "palomicidio" espiritual. Cabe explorar la vía de convencimiento y del arrepentimiento del señor cura. Sin embargo, en sensata previsión de que se mantenga firme en sus postulados cinegéticos, Ecologistas en Acción le han denunciado ante el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona), por supuesto uso ilegal de armas, concretamente carabinas de aire comprimido, con las que sólo se permite el tiro de precisión en diana y en espacios habilitados para ello, en galerías de tiro o en recintos privados acotados, seguros y apartados del público. Los denunciantes dudan de que el señor cura, y menos los menores, dispongan de permiso de armas, y advierten que "el reglamento de armas impide el tiro a nada o sobre nada que no sea un blanco tipo diana, lo que implica que no se puede disparar a pájaros ni a cualquier otro tipo de animales; por otra parte, los disparos en la noche y dentro de la población son un peligro serio para los habitantes del pueblo, que se ven expuestos a perdigonazos que pueden afectar gravemente a su integridad física". Sepan los ecologistas denunciantes que el refranero popular advierte que "el juez perverso condena a la paloma y libra al cuervo".

4 comentarios:

Demetrio dijo...

Detrás del campanario de la iglesia tengo yo hecho más pecadillos, desde entonces recuerdo lo de por quien doblan las campanas cada vez que las oigo cuando ando por las aldeas.

Bar Marcón dijo...

¡OÍDO COCINA, UNA DE PALOMAS CAZADAS EN CAMPANARIO!

En Bar Marcón tenemos unas exquisitas palomas a la cazadora, o cazadas en campanario, que hacen las delicias de nuestros clientes clérigos o seglares. Para cuatro feligreses o clientes fieles hacen falta: cuatro palomas de campanario de iglesia románica o gótica; dos cebollas de las que hacen llorar en la Semana de Pasión; dos zanahorias gruesas cual pene de abad de convento de clausura; dos puerros o dos puercos (así es más fuerte); un tomate con forma de culo de monja; una botella de vino tinto o de vino de misa; una botellita de agua mineral sin gas de Vichí Catalán; una copita de brandy o coñac; una hoja de laurel bendito el Domingo de Ramos; una ramita de tomillo de de la huerta del monasterio de Tomelloso; veinte gramos de pimienta negra de un país del Domund; tres dientes de ajo no picados; medio kilo de champiñones sin rima; aceite de la Santísima Virgen Hojiblanca; sal de salmo. La preparación tiene un comienzo salvaje: buscar un cura párroco sin escrúpulos; pedirle que fusile con escopetas recortadas palomas de su campanario; elegir las cuatro que tengan menos metralla en el cuerpo; limpiar las palomas; limpiar al cura párroco; desplumar a ambos; picar meticulosamente las cebollas, zanahorias y puerros rezando un rosario; poner a pochar las palomas en olla rápida sin que se pongan pochas; añadir la hoja de laurel, la ramita de tomillo y los granos de pimienta sin que las palomas se percaten de ello; pelar el tomate; pelársela al cura párroco; trocear el tomate; troceársela al cura párroco; echar los trozos en la olla sin miramientos; sazonar para que escueza; dorar y adorar un poco; meter las palomas como si fuesen las de Picasso; verter el vino sin que vierta; verter el agua con menos cuidado; verter el brandy y beber un sorbito; tapar para que las palomas no tengan tentaciones de huir hacia el Vaticano; esperar a que empiece a subir el vapor; dejar cocer unos cuarenta minutos o tres cuartos de hora; preguntar a las palomas si se sienten tiernas; retirarlas de la olla al notar que ya les falla el espíritu; ponerlas en una fuente decorada con motivos de la última visita del Papa a España; pasar la salsa por un pasapurés; verter la salsa sobre las palomas; poner la canción de Pablo Abraira "Gavilán o paloma"; filetear los ajos en láminas muy pero que muy finas; dorar los ajos en una sartén con aceite virgen caliente, aunque parezca una contradicción; limpiar los champiñones; filetear los champiñones; incorporar los champiñones, que te tienen hasta los cojones; Sazonar, saltear y saltar por encima con precaución, pues se trata de aves sensibles y espirituales; servir los champiñones aparte de las palomas y las palomas aparte de los champiñones, que se los comen; bendecir la mesa y degustar las palomas pensando en la Santísima Trinidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; amén.

Susiño dijo...

¿Las codornices puedo comérmelas sin que sea pecado verdad?

Felipe dijo...

Mi jefe a la encargada la llama palomita cada vez que quiere que baje al pilón.