Los trabajadores no aprecian el arte

viernes, 4 de noviembre de 2011







Los trabajadores no aprecian el arte, sobre todo el arte conceptual. Su incultura innata no da para más, ¡y no digamos, si en lugar de un trabajador, hablamos de una trabajadora! ¿Qué sabe hacer una trabajadora? Trabajar. Le pagan por hacer bien su trabajo. Precisamente eso es lo que hizo una limpiadora del Museo Ostwald de Dortmund. La señora de la limpieza limpió a conciencia la mancha de cal que había debajo de la obra Cuando empieza a gotear desde el techo, del genial artista alemán Martin Kipppenberger. La inculta trabajadora no supo apreciar que la mancha de cal del recipiente de goma del suelo completaba la torre de planchas de madera conceptualmente colocadas por el artista. El trabajo de limpieza fue bueno pero el daño cultural irreparable. ¡Y no es la primera vez, ni será la última, que las limpiadoras se cargan obras de arte! Hace unos años, otra limpiadora limpió del techo de la Academia de las Artes de Düssefdorf la Mancha de grasa de Joseph Beuys. Habrá trabajadores, con fuerte conciencia identitaria nacionalista, que digan que la incultura artística es sólo cosa de las limpiadoras alemanas. Habrá quienes alienten esas críticas entre trabajadores. Lo importante es conocer a Kippenberger. Kippenberger, el enfant más terrible de los enfants terribles alemanes, ligado a la Neue Wilde, devoto de Picasso, era algo así como un artista punk, de gran influencia a finales del siglo pasado. Su intención: polemizar, provocar, ofender. Para que los trabajadores que lean estas líneas no puedan ser acusados de incultos, aquí se expone una mínima muestra de la obra del artista, pues, como bien dijo el gran experto en arte Juan Pablo II, "todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo; lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu." ¿Qué opinaría el Papa del sapo verde crucificado o de los burgueses metiéndose mano? Pero… ¿es acaso el Papa un trabajador?

7 comentarios:

Manuel dijo...

Pues en su ilustre facultad una pandilla de ociosos catedráticos y doctores mandó "destruir" una colección de valiosísimas publicaciones políticas de los años 50, 60 y 70 depositadas (para su custodia) en las taquillas del centro. En esto caso la ignorancia de los primates imputados es una agravante que espero se traduzca en la adecuada responsabilidad penal y civil.

Probablemente piensan que toda obra escrita es la misma "basura" que sus repertorios de citas ajenas de usar -simular- y tirar.

Rebe dijo...

No es arte, son guarradas.

CALATRAVA dijo...

YO DE PEQUEÑO CLAVABA RANAS VERDES EN TABLEROS Y NUNCA ME LLAMARON ARTISTA.

janna De SR dijo...

¿No te has parado a pensar que no ha tenido tus oportunidades para poder instruirse y culturizarse?
Yo soy una trabajadora igual no entiendo todo el arte, pero si me lo explican puedo llegar a entenderlo pero no compréndelo.
Porqué aunque sean trabajadoras de limpieza, no las cultivan un poco que es ese arte y que se puedo o no limpiar.

Un cordial saludo

Pedro Armas dijo...

Querida Janna, voy a incumplir mi norma de no intervenir en el espacio de comentarios, que es vuestro, para aclararte que el post está escrito en tono irónico, en defensa de la clase trabajadora frente a los "culturetas" y "expertos en arte". Disculpa que no haya quedado claro.
Un beso.

janna De SR dijo...

Las normas están para incumplirla. (Sonrisa)

Sé que era una forma irónica de escribir, hace tiempo que te leo.

Igual hay culturetas que te siguen... y aprende algo

Un cordial saludo

Jordi Culé dijo...

¿Artistas?, ¿artistas?, ¿artistas?...

¡ARTISTA ES MESSI, JODER!