Los maestros, los buzos y los franceses

martes, 5 de julio de 2011

Los maestros sumergidos no son monitores de buceo. Son aquellos profesores dedicados a dar pasantías o clases particulares, por las que cobran dinero negro. Se trata de trabajadores, más o menos cualificados, que prestan un servicio personalizado particularmente a los hijos de ciudadanos de clase media-alta y alta. El sistema los asume sin cuestionarse que su actividad es tan propia de la economía sumergida como la del fontanero que no cobra el impuesto del valor añadido. Hablamos de docentes y niños, no de tuberías y retretes, por lo que cualquiera diría que la comparación es odiosa. ¿Alguien se pregunta por qué ese profesional de la educación no puede emitir una factura legal por su trabajo? En momentos de bonanza económica tal actividad se entiende como normal y complementaria. En momentos de crisis económica tal actividad se comprende como justa y necesaria. Llevando al extremo el argumento de una familia conservadora, la enseñanza individualizada y en casa debiera constituir el eje del modelo educativo; se podría ahorrar mucho dinero eliminando los centros públicos y homologando la labor de instructores e institutrices domésticas. Al margen de la reducción al absurdo, caben otras vías que democratizan la excelencia. Un hijo de emigrantes españoles en Francia, Thierry Romero, fundó a finales de los ochenta Acadomia, una red de profesores particulares de alta cualificación. El negocio le fue bien, pero con la crisis hubo de adaptarse a las circunstancias, abaratando costes, flexibilizando la franquicia, creando Chequeprofe, dando más protagonismo a los docentes en el seguimiento de los alumnos, aumentando la clientela. Habiendo comprobado que en España casi todas las clases particulares son sumergidas y que hay un mercado potencial de tres millones de alumnos, ha iniciado su expansión a este lado de Los Pirineos. Thierry Romero cree que "el éxito del sistema está en que todos salimos beneficiados; nosotros, ampliando nuestros clientes; el profesor, que hasta ahora estaba en la economía sumergida, regularizando su situación; además, por un poquito más de lo que cobraban en el mercado negro, tienen una infraestructura legal con la que facturar o, si surge la demanda, pueden ofrecerle a sus clientes un mejor servicio al poder cubrir sus bajas por enfermedad, facilitando otro profesor que cubra la eventualidad que surja o, si se da el caso, que imparta una asignatura distinta a aquella o aquellas para las que está capacitado". Como decía Hazlitt, "los franceses son volubles en todo menos en su amor al cambio". Que alguien avise a Thierry que los españoles somos poco afrancesados.

5 comentarios:

estrella dijo...

Lo que pasa aquí con el sistema de Acadomia es que cuando hay confianza entre el profesor y la familia, negocian, pasan de la empresa, te pago a ti todo en negro, yo pago lo mismo y tú cobras más. Siento el golpe de realidad, pero es así.
C´est la vie....

Siro dijo...

Hay que enseñar con el ejemplo, sumergiéndose.

Esquizo Frénico dijo...

Las cuevas
son oscuras
si se llenan
llenan de agua
asfixian en la
oscuridad de la
humedad
de la noche
sobra agua
falta aire
en las cuevas
junto al mar

Felipe dijo...

La hora de pasantía de la encargada en el despacho de mi jefe acaba siempre con ella sumergida entre sus piernas.

Bea dijo...

Felipe, Murciélago de la Cueva, si te pillamos las tres en una gruta como la de la foto, oscura y al lado del mar, te íbamos a transformar como en la Metamorfosis de Kafka que está leyendo la Berta este verano (bueno, hace que la lee para parecer más intelectual y que se le acerquen tíos más interesantes).

Tus tres BB + B
(Belén, Bea + Berta)