Misas a siete euros

viernes, 2 de abril de 2010

Si las misas costasen igual que el cine, las estadísticas de católicos practicantes bajarían drásticamente. La fe es gratuita, las misas no, pero lo parecen. Las misas están financiadas por un Estado aconfesional que no se atreve a romper un acuerdo obsoleto que, en esencia, garantiza la transferencia de fondos de un Estado democrático a un Estado teocrático. Habrá quien diga que el cine español también está subvencionado. Habrá quien diga que el cine es cultura. Habrá quien diga que la misa también es cultura. Una recomendación de consenso para Semana Santa: volver al cine a ver la reposición de "El Evangelio según San Mateo", de Pasolini. Primer misterio: Pasolini, ateo confeso, fue muy respetuoso con la versión bíblica. Segundo misterio: la madre de Pasolini hizo de Virgen María. Tercer misterio: un joven español de sólo 19 años, sindicalista y agnóstico, hizo de Jesucristo. El cine es misterio y fantasía, la religión también. Para los integristas, otra recomendación: "La Pasión de Cristo", de Mel Gibson.

2 comentarios:

Calatrava dijo...

De Pasolini me quedo con Saló o los 120 días de Sodoma, de lo más duro que he visto en el cine.
Todavía recuerdo las escenas de las esclavas sexuales comiendo mierda para satisfacer a los poderosos y eso que debí ver esa película a principios de la Transición.
La de Mel Gibson es una película exagerada, dogmática y violenta. De la Semana Santa paso.

Bar Marcón dijo...

¡OÍDO COCINA!
¡UNA DE GARBANZOS DE VIGILIA!

En Bar Marcón tenemos clientes de todas las creencias religiosas y, mientras paguen, todos merecen nuestro respeto e intentamos adaptarnos a sus costumbres. Por eso mismo en Semana Santa triunfan entre los católicos de toda la vida nuestros ¡GARBANZOS DE VIGILIA! Para cuatro buenos católicos practicantes hacen falta: un kilo de bacalao del Lago Tiberíades; 400 gramos de garbanzos de colonia judía de las afueras de Jerusalem; una botella de tres cuartos de vino blanco manzanilla cosechado para una cofradía de Jerez de la Frontera; 12 avellanas tostadas al sol de Nazaret, como los 12 apóstoles; una pastilla de caldo concentrado en sí mismo; una cebolla que haga llorar como una Magdalena adúltera; dos dientes de ajo o dos dientes de una reliquia (por ejemplo de uno de los ladrones del Calvario); una rebanada de pan frito duro, rancio o de la última cena; aceite de oliva del Monte de los Olivos; azafrán de tierra musulmana de misión; perejil o cualquier otra hierba verde; sal para tus heridas. La preparación exige fe: pescar el bacalao en el lago con paciencia; trocearlo sin piedad; dejarlo a remojo desalando durante toda la Cuaresma; triturar bien las avellanas hasta convertirlas en polvo, porque polvo somos, del polvo venimos y en polvo nos convertiremos; mezclar en un mortero las avellanas apostólicas con la rebanada de pan frito; separar la avellana correspondiente al traidor de Judas; darle un beso a alguien que pase en ese momento; esperar a que cante el gallo, para saber si se agrega o no la avellana correspondiente a Pedro; freír y refreír o, si se prefiere, hacer un refrito con la cebolla y los ajos muy picados entre sí; poner en una cazuela de barro, aparte y rezando solitariamente, el aceite, el vino y el bacalao, si recordamos dónde lo hemos dejado a desalar por Carnavales; poner esa cazuela de barro al fuego lento; tapar con el recato propio de la semana de pasión; dejar cocer, dejar pasar, dejar vivir; remover de vez en cuando para que el bacalao note que lo vigilamos; dejar cocer hasta que el bacalao esté tierno y sin pecado concebido; añadir los garbanzos, que parece que los teníamos olvidados porque son pobres, pero antes pasará un rico por el ojo de aguja que entrará en el Reino de los Cielos; incorporar a la par que los garbanzos el refrito, el majado de mortero, la pastilla de caldo de no se sabe qué, el perejil picado formando estrellas de David y unas hebras o hembras de azafrán; mezclarlo todo relatando los pasos de la Pasión uno por uno; rehogarlo todo durante unos minutos en recuerdo del bautismo por inmersión en aguas del Jordán; emplatar; colocar servilletas negras en la mesa; incensar el local; servir en silencio; comer con la boca cerrada, sin hacer ruido; no tener pensamientos relativos a la carne, de un tipo u otro, que para eso es vigilia.