Haití no es Tahití

viernes, 15 de enero de 2010

Haití no es Tahití. El infierno no es el paraíso. Tal vez el obispo de San Sebastián los confunde cuando afirma -supongo que inspirado por el Espíritu Santo- que "existen males mayores que los que están sufriendo los pobres en Haití, como nuestra pobre situación espiritual, pues quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo". Un terremoto destroza vidas miserables y este pastor de almas hace comparaciones miserables. Obispo, Tahití está en la Polinesia, era el paraíso de Gauguin, quien allí se enamoró de todas las nativas, particularmente de Tehura. Le recomiendo una ojeada a algunos de sus cuadros místicos y míticos, por ejemplo: La Orana María, La mujer con la flor, La malhumorada, La charla, ¿Qué hay de nuevo?, Mujeres en la playa, Mujer con mango, Pasatiempo, Su nombre es Vairaumati, ¿Cuándo te casas? o Muchachas con flores de mango. Pero, recuerde, Haití no es Tahití.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

A los obispos hay que andarles con las cachas. Bueno, no, que eso les gustaría demasiado.

Rita dijo...

Rojillo, me escaparía contigo a Tahití pero hoy me mente está en Haití y con mis amigos de Médicos sin Fronteras.

Cándido dijo...

Si los obispos son malos, no le digo las obispas. Hay una obra del gran dramaturgo griego Aristófanes que precisamente se titula "Las obispas", muy expresiva de su mal carácter. La obra gira en torno a Filocleón, que significa amigo de Cleón, y su hijo Bdelicleón, que odia a Cleón, cuyos nombres forman un juego de palabras mediante el que se burla del juez ateniense Cleón. Filocleón es adicto a los juicios de la corte ateniense, y pasa todo su tiempo como miembro del jurado, juzgando a los demás. Bdelicleón quiere ayudar a su padre, así que le encierra en casa, pero Filocleón hace todo lo posible por salir de allí para ir a al juzgado. Protagoniza unos cómicos y poco exitosos intentos de fuga, incluida una triquiñuela tramada por Ulises en el capítulo del Cíclope de la Odisea. Los otros miembros del jurado y compañeros de Filocleón, vestidos de obispas, van a rescatarle. Bdelicleón y sus sirvientes pelean contra las obispas, quienes a pesar de tener mitra y aguijones, son pronto derrotadas. Después de esto, Bdelicleón discute con su padre, y pronto les demuestra a él y al coro que al ser miembros del jurado no consiguen nada más que servir a los demagogos. Incluso con el coro derrotado, Filocleón se resigna a quedarse en casa. Para ayudar a su padre a superar su adicción, Bdelicleón monta un juzgado en su propia casa para que su padre lo presida. A falta de alguien a quien acusar, Filicleón juzga al perro de la familia por haberse comido un poco de queso siciliano. En un juicio absurdo, Bdelicleón defiende el perro y, cuando todo lo demás falla, un grupo de niños vestidos como los cachorros del perro salen a escena. Filocleón ni se inmuta, pero Bdelicleón intercambia las cajas donde estaban depositados los votos sin que se diera cuenta, haciendo que su voto apareciera junto con los que le consideraban inocente. Cuando se cuentan todos los votos, y se absuelve al perro, Filocleón se desmaya, pues hasta ahora jamás había absuelto a nadie. Entonces ambos acuden a un simposio. Profundizando en el tema del cambio de roles, Bdelicleón le enseña a su padre cómo comportarse de forma adecuada en el simposio. Bdelycleón expresa su desdén por como Cleón manipulaba a los miembros del jurado, pero sin embargo le hace la rosca a Cleón y a sus siervos en esta reunión de clase alta. Sólo se muestran las consecuencias de esa fiesta al final: Filocleón se emborrachó, insultó a casi todo el mundo en el simposio, secuestró a una flautista, y golpeó una bandeja de pan. Algunos a los que ofendió durante la noche vienen a informarle de las denuncias que le pondrán, pero el despreocupado Filocreón se ríe de ellos. Lo importante es que está feliz; el coro comenta que ha mejorado considerablemente. La obra termina con un final absurdo y acorde con la trama, cuando Filocleón reta a tres cangrejos a participar en un concurso de baile. Las obispas son tan absurdas como los obispos. Acabo de caer en la cuenta de que la sátira es "Las avispas", pero ya es tarde para arrepentirme de la crítica sobre estos zánganos.

Asun dijo...

Señor Armas, los únicos que pueden ayudar a esos pobres desgraciados de Haití son los misioneros católicos y la Cáritas Diocesana, que son los únicos que realmente están al lado de los que sufren y además les aportan ayuda espiritual que es tan importante como la ayuda material.

Rou Covarela dijo...

Queridos hermanos en la fe, sabed que tanta promiscuidad y tanto sida han traído la plaga del terremoto a Haití. Recemos por esos descarriados haitianos.

Siro dijo...

Pobres pobres.