Silla

domingo, 8 de marzo de 2009

La silla de diseño resultó ser una silla eléctrica para el Gobierno bipartito de la Xunta. “Algo extraño venía sucediendo en Galicia desde semanas atrás. Las encuestas estaban repletas de paradojas. La victoria del bipartito parecía cantada. La mayoría aprobaba su gestión, y el líder más valorado era el presidente de la Xunta, el socialista Emilio Pérez Touriño, quien incluso se había permitido el lujo de ignorar a los dirigentes de su partido que le pedían que adelantase las elecciones a otoño antes de que lo peor de la crisis tomase cuerpo. Pero las mismas encuestas estaban llenas de matices contradictorios. Por ejemplo, una clara mayoría abogaba por un cambio de Gobierno. El porcentaje de quienes lo deseaban era muy alto incluso entre los votantes socialistas y nacionalistas. Cuando, hace unas semanas, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, regresó a su tierra para preparar la campaña, también notó algo raro en el aire. "Era como un conjunto de malestares distintos", recuerda. Una cierta parte del electorado urbano del PSOE estaba contra la potenciación del gallego en la enseñanza y la coalición con el Bloque. La propia militancia socialista llevaba toda la legislatura rumiando su disgusto contra una Administración que Touriño llenó de independientes. Y los sectores más a la izquierda se desesperaban con un Gobierno que se había afanado en no pisar un callo a los grandes poderes; que se había olvidado de alguna de sus promesas más repetidas, como poner la televisión fuera del control del Gobierno o acabar con el sistema creado por Fraga para pagar a los medios a cambio de información favorable; que se entregaba a la propaganda con el mismo ahínco que tanto había criticado en el PP y que copiaba viejas costumbres de don Manuel: las primeras piedras y las inauguraciones, a las que se aficionó Touriño, o el acarreo de jubilados para multitudinarias fiestas lúdico-políticas, especialidad del vicepresidente nacionalista, Anxo Quintana. Con la crisis económica avanzando, hasta sus medidas más lucidas -mayor gasto social, protección del medioambiente, restricciones para construir en la costa, programas de inversión pública- quedaron sepultadas. Y en esto llegó la campaña sucia. Empezó meses antes, a propósito de un Audi A8 comprado para Touriño, similar al de otros presidentes autonómicos y alcaldes del PP. No importó que las denuncias incluyesen sonoros ridículos, como cuando se probó que el supuesto minibar del automóvil de Quintana era en realidad una nevera de playa de 90 euros. El PP siguió martilleando un día sí y otro también con fotografías de una conselleira acudiendo a la peluquería en coche oficial, o la puerta del garaje levemente abollada de la casa de Quintana como hipotética prueba de una hipotética bronca conyugal. "Toda Galicia sabe que soy un hombre honrado", repetía Touriño sin sentirse obligado a más explicaciones, mientras el PP lo acusaba de vivir "como una estrella de Hollywood". El símbolo de la campaña fueron unas sillas de 2.200 euros para una sala de reuniones que Feijóo no encontrará en la Xunta. Nunca llegaron a ser compradas. La salida de Fraga y el cambio político en 2005 constituyeron un acontecimiento histórico en Galicia, comparable a la llegada de Felipe González al poder en España en 1982. Por primera vez, la izquierda conquistaba el poder en las urnas y expulsaba a la derecha de uno de sus feudos más fieles. PSOE y BNG tenían una oportunidad sin precedentes. De ahí que la derrota del pasado domingo sea también algo más que una derrota. Tal vez un fracaso histórico”. Así lo resume Xosé Hermida en su crónica para El País una semana después de las elecciones. Ahora son muchos los que niegan y bastantes los que reniegan. Pero, como decía Truman Capote, “antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes”.

3 comentarios:

Susana Bermúdez dijo...

Los socialistas de salón siempre quieren tener sillas de lujo en el salón. Ya no quedan obreros entre los psedegueros. Que esperen sentados en las sillas de la oposición.

Paco Tilla dijo...

Mira que estaba yo ilusionado con el Gobierno del cambio y al final se me cae por unas sillas ¡PATÉTICO!

Vanessa Naya dijo...

Ha sido una campaña totalmente sucia por parte de los peperos, me imagino que se sentirán muy orgullosos de sus hazañas. Vamos a ver lo que pasa ahora con la consellería de educación y sobre todo con eso de que los padres podrán elegir la lengua que deseen para la educación de sus hijos.
Durante los cuatro próximos años la Xunta va a apestar!