Chulos de mierda

domingo, 4 de enero de 2009

Frente a la prostitución, abolición. Hay en España trescientas mil putas, de las cuales unas doscientas setenta mil son inmigrantes. Son mujeres explotadas por redes de chulos y mafiosos, que las engañan, raptan, secuestran, drogan, extorsionan, maltratan, torturan y, cuando no ha sido suficiente, amenazan con lo mismo a sus hijos y otros familiares en su país de origen (véase “Pasarlas putas”, 24 de septiembre de 2008).

Aunque con dudas sobre adoptar medidas reguladoras o abolicionistas, el Gobierno español ha aprobado un Plan integral contra la trata de seres humanos para su explotación sexual. Por lo menos, se intenta que a los chulos se les acabe la chulería y el dinero fácil. En caso de denuncia a un chulo de putas, se le podrán decomisar sus bienes al comienzo de la instrucción y, tras la sentencia, subastarlos, destinándose los beneficios a un fondo para la lucha contra las redes de trata de mujeres.

La concesión inmediata del permiso de residencia a las putas inmigrantes que denuncien a proxenetas, la asistencia jurídica y las ayudas para la búsqueda de salidas laborales o para regresar a su país intentan animar a las mujeres explotadas a dar ese paso tan decisivo como peligroso. Protección a la puta, acción contra el chulo. Apoyo a la víctima, mano dura con el delincuente. Otros países castigan también a los clientes.

Se oyen argumentos disuasorios sobre la inocencia de los que van de putas, las relaciones sexuales libres con mujeres que ejercen libremente la prostitución, la inevitable persistencia del “oficio más antiguo del mundo”, la necesidad de esta “válvula de escape social”, etcétera, etcétera. Justificaciones hipócritas, interpretaciones interesadas y eufemismos sociológicos que la realidad contradice. Pagar por desahogarse con una esclava atemorizada, para que se beneficie un chulo de mierda, es atentar contra la dignidad humana.

3 comentarios:

el socialista dijo...

Creo que es un problema de muy dificil solucion, lo digo por la tolerancia y permisividad de la sociedad en aceptar esta actividad como algo arraigado en las costumbres patrias, en fin, algo dificil de cambiar, pero no imposible.

un saludo y muy interesante tu blog.

Racional dijo...

Bueno, el ámbito académico tampoco está exento de cierto grado de prostitución y abusos; pero sí, quitando esta digresión, es una cosa muy fea e inmoral.

Pero si precisamente desde el ámbito académico se vacía del único contenido moral veraz, el único sistema de valores que se atreve a condenar la fornicación como un gesto que conlleva condenación, la única pauta que señala al/la lujurioso/a para su vergüenza, el único ordenamiento que sabe de la degradación de la especie cuando se produce la pérdida del dominio racional, entonces, no habrá medio de parar la perversión social generalizada y consentida.

La prostitución es foco de degeneración, pero indicador de una enfermedad moral voluntaria e impune. Hay un negocio ilícito porque ni unos ni otras tienen valores adecuados ni quieren rebelarse contra el mal, un mal que hasta hace ganar dinero.

Anónimo dijo...

No creo que se pueda llamar puta a una mujer violada en múltiples ocasiones, que es lo que sucede en el tráfico humano. Una cosa es la prostitución y otra muy distinta la trata de mujeres. La moralidad de lo primero es discutible, lo segundo es una aberración, creo que esta diferencia debe quedar clara. Un saludo a ese rojillo, cuya falta se nota tanto en la delegación de educación.