Rajoy o Woody Allen

sábado, 30 de agosto de 2008


España está en crisis. La crisis es una crisis económica. Zapatero no sabe de economía. Rajoy es un experto en economía. Zapatero debería nombrar a Rajoy ministro de economía. La oposición no tendría jefe. No habría oposición. No habría crispación. En España ya no habría crisis. Y es que, como decía Voltaire, “si los pobres empiezan a razonar, todo está perdido”.
Parece una secuencia ilusiva; pero, busquemos argumentos concretos que la justifiquen; porque la crisis no es algo abstracto. Por ejemplo, uno de los factores de su génesis es la financiación autonómica. Zapatero, como no sabe qué es economía y qué es España, no sabe cómo resolver el lío en que se ha metido al apoyar el Estatuto catalán y no haber calculado su repercusión en el desajuste financiero entre Comunidades Autónomas. Zapatero no sabe, pero Rajoy sí. Y lo resolverá como hacen los premios Nobel en economía, con un modelo simple. Para que se entienda, transcribo sus sabias y sintéticas palabras en una entrevista a “La Opinión” (30-08-2008):

Periodista: “¿Y cuál es el modelo de financiación autonómica del PP?”

Rajoy: “Tiene que ser aprobado por unanimidad y que garantice la igualdad de todos los españoles, vivan donde vivan, a la hora de recibir la atención de los servicios públicos. No debe suponer un aumento de impuestos y no debe reducir el Estado a la nada, porque el Estado tiene la obligación de garantizar la solidaridad y la cohesión territorial. Sería bueno que el Gobierno y su presidente, que se ha negado a comparecer en las Cortes, diesen alguna explicación, porque el problema lo han creado ellos en solitario.”

Periodista: “¿Cómo explicaría a un gallego que le perjudica el Estatuto catalán y el modelo de financiación que promueven la mayoría de los partidos catalanes?”

Rajoy: “A la hora de repartir los recursos el criterio que debe primar es el de la población. Andalucía, que tiene 8 millones de habitantes, tiene que recibir más dinero que La Rioja, que tiene 300.000. Eso lo entiende cualquier persona. Pero hay que tener en cuenta otros criterios, como el envejecimiento. Una región donde viven más personas de 70 años necesitará más dinero para sanidad que una población donde la media está en 20. También hay que ponderar la dispersión de la población. No es igual dar servicios a 50.000 personas que viven en un núcleo urbano que a 50.000 que están diseminadas a lo largo de un extenso territorio, como es el caso de Galicia. Y hay que considerar la insularidad. La justicia deriva fundamentalmente de la unanimidad. Puede no ser un modelo que guste a todos al cien por ciento, pero debe ser aceptable por todos.”

Zapatero, ¡cuánto antes, echa a Solbes y nombra a Mariano ministro de economía y hacienda! La economía es menos compleja de lo que la gente cree. Para Rajoy se resume en el axioma de que todos los pobres son iguales ante la ley. Si no acepta, propónselo a Woody Allen, quien de pequeño quiso tener un perro, pero sus padres eran pobres y sólo pudieron comprarle una hormiga.

Yes, God can

martes, 19 de agosto de 2008

Desde Washington, Mónica Belaza enviaba una excelente crónica sobre los candidatos a la Casa Blanca hablando de sus convicciones y sus pecados ante los fieles de una iglesia evangélica (“El voto de la religión sí importa”, El País, 18-08-2008). Dicha crónica es transcrita a continuación, con mínimas sustituciones: Estados Unidos por España, Obama por Zapatero, McCain por Rajoy, reverendo Rick Warren por cardenal Rouco Varela, George Bush por José María Aznar, evangélica por católica, macroiglesia de Saddleback (Orange County, California) por catedral de La Almudena (Madrid), demócrata por socialdemócrata, republicano por conservador, senador por Arizona por diputado por Pontevedra y veterano de Vietnam por cabo furriel.

“La religión en España importa. Tanto, que los votantes quieren tener claras las cuestiones de fe de los candidatos a la presidencia antes de acudir a las urnas. Así que sobre la fe y otros espinosos temas morales hablaron la noche del sábado el socialdemócrata Zapatero, de quien algunos sectores ultraconservadores han dicho en las últimas semanas que es musulmán, y el conservador Rajoy. La cita era con el cardenal Rouco Varela en la catedral de La Almudena (Madrid), ante un auditorio de 2.200 personas, en una de las regiones más conservadoras del país. Hablaron por separado, durante una hora cada uno, con el pastor católico. Cuando entraba Rajoy y salía Zapatero se saludaron con un afable apretón de manos y un leve abrazo: era su primera comparecencia conjunta en la campaña.
No lo tenía fácil Zapatero para ganarse la simpatía del público de la iglesia del cardenal Rouco ni del electorado conservador católico en general. Sus opiniones sobre el aborto, las células madre o los jueces conservadores del Tribunal Supremo le hacían salir en una posición de desventaja absoluta. Y, sin embargo, el candidato socialdemócrata pareció cómodo en sus respuestas, muchas de las cuales fueron muy aplaudidas por la concurrencia. Zapatero no parece tener problema alguno para hablar de su experiencia religiosa, de su fe cristiana o de su relación con Dios, y, ante las preguntas más complicadas, acudió a los matices, a la complejidad de los problemas. Sobre el aborto, por ejemplo, a pesar de manifestarse a favor, con limitaciones, y de decir que él no podía determinar cuándo un feto empieza a tener derechos, hizo hincapié en la necesidad de controlar los embarazos no deseados, algo por lo que, a su juicio, Aznar no hizo nada durante sus ocho años de mandato.
El veterano diputado por Pontevedra, Mariano Rajoy, tenía otra misión: despejar dudas sobre su compromiso con los valores cristianos. Al contrario que Zapatero, Rajoy no parece encontrarse del todo a gusto cuando habla de su propia fe, pero el sábado ejecutó a la perfección su tarea: dio respuestas claras, concisas y sin matices. Respondió, ante las preguntas de Rouco Varela, precisamente lo que el auditorio quería oír de un candidato conservador, y obtuvo encendidos aplausos ¿Cuándo empieza la vida de un niño? "En el momento de la concepción", dijo ¿Cuál es su posición sobre el aborto? "Seré un presidente pro-vida" ¿Qué es el matrimonio? "Una unión entre un hombre y una mujer". A esta última pregunta el candidato socialdemócrata había respondido lo mismo, pero, una vez más, con matices: pronunciándose a favor de las uniones civiles para no restringir derechos, para que un homosexual pueda visitar a su pareja en el hospital, por ejemplo. El único tema en el que Rajoy no satisfizo enteramente a su público fue el de las células madre, cuando reconoció estar a favor de que se investigue con ellas.
Pero los candidatos no sólo hablaron de cuestiones sobre las que hay que legislar. El encuentro fue también una especie de confesionario en el que definir su relación con Dios y reconocer algunos pecados. Ambos fueron preguntados sobre su mayor fracaso moral. Zapatero se arrepintió de haber tomado alcohol y drogas en su juventud, lo que achacó al egoísmo propio de esa edad. Rajoy lo que más lamentó fue no haber conseguido llevar adelante su primer matrimonio, tema que raramente aborda. También tuvieron que pronunciarse sobre el "demonio". Sobre si existe o no. Y sus respuestas fueron muy reveladoras. Zapatero dijo verlo en el conflicto de Darfur, pero también en las calles de las ciudades norteamericanas. Dijo que había que atacar al mal con toda la fuerza, siendo "soldados de Dios", pero también con humildad, sabiendo que el ser humano no conseguiría erradicarlo de la faz de la tierra. Rajoy, una vez más, fue contundente y conciso. Con un gesto de extrema gravedad afirmó que se puede derrotar al demonio, encarnado ahora en la figura de Osama Bin Laden, y que él sabía cómo hacerlo. En un discurso no muy lejano del que sostiene el anterior presidente, José María Aznar, el "mal" está, fundamentalmente, fuera de las fronteras del país. Las referencias a la Seguridad Nacional fueron una constante a lo largo de la intervención del candidato conservador.
La actitud de ambos fue muy distinta. Mientras Zapatero conversaba con Rouco, un conocido pastor con ventas millonarias de libros, y se dirigía a él mirándole a los ojos, Rajoy hablaba para el público, miraba a los electores, a sus electores. Para acercarse a ellos el candidato conservador usó las historias, las anécdotas personales, su pasado como cabo furriel, las torturas sufridas y cómo la fe le ayudó a sobrellevarlas. Habló más de su espiritualidad de lo que lo había hecho hasta ahora. Y, en un país que ama la narración de historias como pocos, le funcionó.
El 78% de los conservadores católicos apoyaron a Aznar en 2002. Que ahora voten a alguien como Zapatero es más que improbable y esas eran las bases del encuentro del sábado. Pero los analistas, que coinciden en el buen papel que hizo Rajoy convenciendo a los suyos de la firmeza de sus principios conservadores, señalan también que un Zapatero tranquilo y moderado ha logrado, al menos, dejar claro que no es un radical de izquierdas sino un cristiano consciente de los dilemas morales que, en este país especialmente, deben resolverse cuando se hace política. Y eso ya es bastante, especialmente en un momento en el que las encuestas ven una cierta indecisión en los jóvenes católicos, que podrían dejar, por primera vez, de votar casi unánimemente al partido conservador.”

¡Menos mal que Spain is different!

Nadal me cae mal

viernes, 15 de agosto de 2008

Nadal me cae mal. Se esfuerza, juega bien, gana, pero me cae mal. Es sencillo, humilde, discreto, pero me cae mal ¿Cuál es el motivo de este juicio de valor personal en un blog político? Nadal tendría que caerme mal por lo que representa políticamente. Representa a España, un país al que defender ahora no es políticamente correcto. Tendría que renunciar a sentirme representado por alguien que viste prendas deportivas con colores rojos y amarillos, cuando mis colores habrían de ser otros, según los expertos en el cromatismo “identitario”. Representa a la gente políticamente indefinida. Tendría que renunciar a sentirme representado por un tenista que admite que su golpe preferido es la derecha, cuando lo ejecuta una y otra vez con la izquierda, fulminando a serbios recalcitrantes o a elegantes financieros suizos. Representa a esa juventud que quiere ser estimada más que instruida (en frase de Goethe). Tendría que renunciar a sentirme representado por ese musculoso jovenzuelo, cuando yo estoy en esa edad madura en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo. La envidia nunca es sana, el sano es él. Entiéndanse las ironías previas. Gracias, Nadal, por representar a la actual juventud española, la más capacitada de la historia para asumir retos y responsabilidades. Cada vez me caes mejor.

Teléfono rojo

jueves, 14 de agosto de 2008

Bush llamó a Putin para hacerle ver que su actuación en Georgia había sido desproporcionada ¿Cómo le habrá llamado?, ¿fue desproporcionada? y, si lo fue, ¿qué pasa? Probablemente -son tiempos de informalidad- George habrá llamado a su amigo Vladímir de móvil a móvil. En otra época el presidente de los USA habría llamado al primer ministro de la URSS desde el teléfono rojo que conectaba la Casa Blanca con el Kremlin. Eran años de guerra fría, cuando Kennedy, tras comprobar como la lentitud del sistema de recepción y decodificación de mensajes durante la crisis de los misiles en Cuba estuvo a punto de provocar una tercera guerra mundial, montó un sistema de teletipos para evitar malos entendidos con aquellos tipos, porque en principio se fiaba más de lo escrito que de lo hablado, aunque luego, quizás aprovechando una oferta, instaló una línea telefónica directa, a la que los periodistas denominaron teléfono rojo, no porque a través de él los mandatarios comentasen políticas izquierdistas, sino porque sólo habría de utilizarse en caso de emergencia. El aparato se popularizó gracias a la única comedia de Stanley Kubrick: “¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú”, interpretada por Peter Sellers.
El teléfono rojo simbolizaba la asunción de la llamada estrategia de respuesta flexible. Siguiendo la doctrina McNamara, la respuesta a una agresión habría de ser proporcionada a ésta, frente a armas convencionales habrían de emplearse sólo armas convencionales y los objetivos bélicos habrían de ser objetivos militares, nunca núcleos urbanos. Para Bush la represalia rusa fue desproporcionada frente a la agresión georgiana; agresión que, sin duda, conocía con antelación, pues era el aliado y valedor de Georgia ante la OTAN. Pero, Putin no está para respuestas flexibles. De preferir una estrategia norteamericana, opta por la estrategia de respuesta masiva de Foster Dulles, que los USA utilizaron en épocas de absoluta supremacía militar, respondiendo a la mínima agresión con todas las fuerzas posibles; aunque Putin llame eufemísticamente “fuerzas de paz” a las que tiene desplegadas en Abjasia y Osetia desde hace años y, por supuesto, no repare en si arrasa o no núcleos urbanos (Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, fue totalmente destruida). Vladímir ha trazado ya la línea roja que delimita su zona de influencia geopolítica en el Cáucaso. George se queda sin Georgia, donde aparece aún en los carteles junto al malparado presidente Saakachvili, alumno de Harvard y adalid neoconservador abandonado a su suerte, después de haberse ocupado de la disidencia interna. Bush deja ya de trazar líneas de expansión de la OTAN. Por el oleoducto “BTC” continúa, de momento, fluyendo petróleo entre los mares Caspio, Negro y Mediterráneo, para abastecer a Europa, la Europa de Sarkozy, quien quizás llamó a todos los implicados en el conflicto desde un móvil rojo de última generación con posibilidad de “party line”. No quiero concluir frivolizando sobre el futuro del Cáucaso, un mosaico de naciones, pueblos, razas y religiones más complejo que los Balcanes.

Espíritu olímpico

domingo, 10 de agosto de 2008

El Barón Pierre de Coubertin (1863-1937), padre de los Juegos Olímpicos modernos, iba para militar y acabó siendo un pedagogo universal. Formado en la doctrina del cristianismo muscular del pastor anglicano Thomas Arnold, proponía alcanzar la perfección a través del deporte, compitiendo sólo por el afán de competir. Se hicieron célebres frases suyas como: “lo importante no es ganar, sino participar” o “lo esencial en la vida no es vencer, sino luchar bien”. Si a los vencedores en el magnífico espectáculo periódico para el consumo de masas que son los Juegos Olímpicos les cuelgan medallas de oro, aunque lo importante es sólo participar, cuántas medallas solidarias debiéramos colgar a los que luchan por la libertad individual en China cada día. A la izquierda, en la obra de los chinos Gao Brothers: “Sense of space, anxiety” está contenida la rabia por la falta de espacio y aire para el espíritu… no sólo olímpico.

Régimen chino

viernes, 8 de agosto de 2008

Si escribiese bajo este título desde cualquier rincón de China hoy, día en que los chinos nos asombran con los fastos de la inauguración de los Juegos Olímpicos, sólo podría hacerlo entendiendo por régimen chino una dieta que combinase salsa de soja, bambú, sake, sopa de aleta de tiburón o nido de golondrina, por ejemplo. Sería uno más de los más de doscientos cincuenta millones de cibernautas que desde China intentan navegar por la red y no pueden hacerlo debido a la censura impuesta a la libertad de expresión por el régimen. Régimen que, para lavar su cara ante el mundo, estos días ha permitido a esos esforzados del ciberespacio el acceso a ciertas webs críticas de renombre, como Human Rights Watch o Amnesty International, antes prohibidas. Pero ¡ojo, con lo que cualquiera de ellos transmita al exterior! Les puede esperar el acoso policial, el arresto domiciliario o la cárcel. El régimen es quien debe transmitir la verdad, la verdad oficial. Y es que, como decía Yevgeni Zemiatin, “consentir al individuo cualquier derecho frente al Estado único sería lo mismo que mantener el criterio de que un gramo puede equivaler a una tonelada. Ello llevaría a concluir que la tonelada tiene derechos y el gramo deberes. El único camino natural de la nada a la magnitud es olvidar que sólo eres un gramo y sentirte como una millonésima parte de la tonelada". Menos mal que hay gramos que pesan toneladas. Es el caso de Zeng Jinyan, una mujer joven (veintitrés años), tan pequeña como grande, luchadora contra el sida y la represión, que en 2005 se atrevió a difundir por la red su blog para denunciar la falta de libertades elementales en China. Como cuenta, “en el blog hablo de las actividades de la sociedad civil, de mi vida, del arresto de mi marido, de cómo me sigue la policía. Y esto es muy diferente de lo que otra gente escribe en los diarios que se difunden por Internet". Con el tiempo, hasta la revista “Time” la ha designado como una de la cien personas más influyentes del mundo, junto a Hu Jintao, jefe del régimen, y Liu Qi, jefe del comité organizador de los Juegos Olímpicos. Juegos que serán perfectos, porque comienzan el ocho del ocho del dos mil ocho. Y es que totalitarismo, nacionalismo y superstición se dan la mano en la China… y no tan lejos.

Flexiguridad

martes, 5 de agosto de 2008

En los últimos congresos socialistas se ha comenzado a debatir un nuevo concepto económico: la flexiguridad… ¿Flexiguridad? El corrector me subraya en rojo este palabro; yo también, porque no existe en español, pero parece que quiere existir. Según los teóricos, la flexiguridad es una solución mágica que resuelve los problemas de la economía a partir de la combinación “proteccionista” entre la protección del empleo, la protección de los parados y la protección de la empresa, sobre la base de una triple política activa, a su vez combinación entre una política activa de empleo, una política activa de apoyo al desempleado y una política activa de flexibilización del mercado de trabajo. Se trata, pues, de que el triángulo de la economía sea equilátero. Pero, la economía no es una figura geométrica tan simple; es un poliedro, con muchas caras, y a menudo un poliedro irregular.

¿Qué quiere decir flexibilidad del mercado laboral? En definitiva, despidos más rápidos, más fáciles y más baratos para las empresas, que, así, se adaptan mejor a las coyunturas económicas, optimizan beneficios y pueden volver a crear otro tipo de empleos. De tal manera, se protege la flexibilidad, no el empleo. El mecanismo viene funcionando, más o menos, en economías con unas tasas de paro muy bajas y con un mercado laboral que permite a los trabajadores cambiar, dignamente, media docena de veces de empleo a lo largo de su vida productiva. El modelo paradigmático, que se toma como referencia, es el de la economía danesa. Aunque la economía es ciencia de números, a veces la etimología ayuda. Cuando decimos que algo tiene flexibilidad, es que tiene la propiedad de encogerse y estirarse, o viceversa, y volver a su estado natural. En el ámbito empresarial no deja de ser un eufemismo. La empresa que se encoje pocas veces vuelve a su estado anterior y menos veces se estira para transformarse en una empresa mayor. Eso en coyunturas de bonanza, qué decir en coyunturas de crisis y en economías más rígidas (la española, por ejemplo). Los empresarios no reclaman flexiguridad o flexibilidad de plantillas, reclaman facilidad para el despido. Sin embargo, a los socialistas españoles la tercera letra de nuestras siglas nos obliga a un compromiso permanente con la clase trabajadora.