Jaque al Rey

lunes, 30 de junio de 2008

Quienes queman fotos del Rey juegan con fuego. Quienes le jalean cuando manda callar a otro Jefe de Estado denotan preferencia por un autoritarismo poco diplomático. Quienes le piden que intervenga en asuntos concretos de la política del país no acaban de comprender que el Rey reina pero no gobierna. Quienes le exigen que rinda cuentas de sus gastos ignoran las prerrogativas reales. Quienes ponen a la monarquía en entredicho por su vulgarización (acercamientos al pueblo, bodas con plebeyos, prácticas deportivas, lenguajes coloquiales y demás tuteos borbónicos) añoran el savoir-faire del antiguo régimen. Quienes se definen como republicanos y partidarios de este Rey son hipócritamente correctos. Quienes plantean el debate sobre monarquía o república como insoslayable distraen a una opinión pública que tiene otras preocupaciones. La partida de ajedrez apenas ha comenzado. Todavía no hay un jaque al rey, porque muchos peones, alfiles y caballos le protegen. Pero sí hay un enroque de ciertos extremistas, escondidos en la torre de la derecha, que ahora saltan por encima del rey con tanto ímpetu que corren el riesgo de salirse del tablero.

Una Constitución con casi 30 años va dejando de ser joven para ser adulta. Se conserva bien, aunque sufre achaques. Nació porque los ciudadanos quisieron. Muchos acudieron a su referéndum, 88 de cada cien votaron a favor, sólo 8 de cada cien en contra (24 en el País Vasco). Por tanto, nueve de cada diez españoles aprobaron que la forma política del Estado fuese la monarquía parlamentaria, que el Rey asumiese la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, que los actos del Rey habrían de ser refrendados por el Presidente del Gobierno, o por los ministros competentes, y que el Rey recibiese de los presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de la Familia Real, de la cual podría disponer libremente. Si se quiere sustituir la monarquía por la república, si se quiere especificar más la función exterior del monarca o si quiere fiscalizar sus cuentas, hay que reformar la Constitución. Mientras tanto, Majestad, aguante los sucesivos jaques y jaquecas, ya que, como decía Benjamin Franklin, “la corona real no cura el dolor de cabeza”.

Pensar que los socialistas se alegran de ese posible jaque al rey es caer en el simplismo. Según el historiador García de Cortázar, en su génesis (1879) “el PSOE no era una formación revolucionaria más que en su deseo de sustituir la monarquía por la república”. Es una interpretación discutible. Para Pablo Iglesias el debate monarquía o república era secundario frente al debate despotismo o democracia. Fue Alfonso XII el que optó por la farsa democrática sustentada en la Constitución de 1876, hecha a medida de unos partidos dinásticos, el conservador y el liberal, alejados del pueblo, que alternaban en el poder bajo el arbitraje del monarca, y hecha a medida de una burguesía caciquil y mezquina, un ejército policial y represor y una jerarquía eclesiástica confabulada con el aparato estatal a cambio de imbuirlo de su dogmatismo, siguiendo la estrategia de León XIII. A esa monarquía, que favoreció el clientelismo, las alcaldadas y los pucherazos, se opuso el primer socialismo español. Posteriormente, el PSOE se aproximó a los republicanos, como se aproximó a los intelectuales, sindicalistas y demás trabajadores, convirtiéndose en un partido de masas. Se opuso entonces a la monarquía de Alfonso XIII, apoyada por un ejército ocupado en anacrónicas empresas imperiales y golpes de Estado con aquiescencia real, como el de Primo de Rivera. Sobran comparaciones con la actual monarquía parlamentaria. Quizás hasta el Rey hubiera sido entonces republicano. Cuando toque, entre sucesión y elección, elección. Por ahora, ni jaque, ni mate, tablas y fair play.

Tupido velo

jueves, 26 de junio de 2008

En clase de secundaria obligatoria de un instituto de una cosmopolita ciudad española, el profesor consiente, por supuesto y por los antecedentes, que su sexta alumna musulmana entre en el aula luciendo un hijab, velo azul intenso que cubre su cabeza y cuello y deja al descubierto su rostro. Ella lo lleva por costumbre, por creencia y por su padre, que la obliga igual que a su madre. El padre, arengado por el imán de la mezquita próxima, convence a otros padres musulmanes para que sus hijas lleven velo al instituto. Derecho a la diferencia. Además, como cada familia procede de comunidades islámicas distintas, cada alumna aparece con un velo distinto. La primera un shaila, largo, rectangular y con amplios pliegues en los hombros, deja ver su rostro y cuello. La segunda un al-amira, dos piezas, gorra de algodón ajustada a la cabeza y velo tubular, deja ver sólo su cara. La tercera un niqab, antónimo de antifaz, sólo deja ver y que vean sus ojos, con velo adicional para taparlos. La cuarta un chador, túnica de pies a cabeza, sólo deja ver el rostro. La quinta un burqa, saco que cubre todo su cuerpo, deja sólo rejilla para ver e incluso respirar. El instituto es noticia de prensa. El claustro, la dirección, los otros padres, los otros alumnos y el personal de limpieza están estupefactos. Se reúnen, se informan y deciden que hay que educar a todos los alumnos en la tolerancia, como corresponde a un centro multicultural de una sociedad compleja y plural.

La organización del aula se hace más compleja y plural, si cabe. El alumno suní, virado su pupitre hacia La Meca, pide descuentos en el comedor durante el Ramadán. La alumna anglicana, enfundada en cueros a lo Madonna, descuelga un gran crucifijo sobre sus pechos, por devoción, provocación o promoción de bisutería. La alumna amish, austero vestido negro hasta los tobillos, apaga las luces para no consumir electricidad. El alumno judío, coletas, solideo y estrella, se niega a realizar excursiones extraescolares los sábados. La alumna gitana, rosario de ocho vueltas y música de Camarón en mp3, acude solícita y sola a clase de Religión evangélica. El alumno sij, recién llegado con turbante de la lejana Cachemira, se ciñe puñal por precepto religioso. Su compañero macarra, natural del barrio, se ciñe otro por si acaso.

Para explicar el detonante de tal diversidad, el velo islámico, qué mejor que la Educación para la Ciudadanía. El profesor de la materia en 2º les explica que el velo es un símbolo de la feminidad, identidad y lucha de la mujer musulmana, que la hace más respetable en su país y en el nuestro. No deberían preocuparse tanto por la discriminación de esta mujer y tan poco por la discriminación de la mujer española. Hay que permitir el velo. El profesor de la materia en 4º les explica que el velo es un símbolo del machismo musulmán, que pretende hacer invisible a la mujer, imposibilitarle la elección de pareja y someterla al marido. Un símbolo del integrismo islámico, que lanza a estas niñas como avanzadilla de penetración en los países occidentales, causando xenofobia mutua. Hay que prohibir el velo. Ambos hablan del respeto a las convicciones, al menor y a los compañeros. Ambos comentan la legislación que prohíbe el velo en Francia, Alemania u Holanda, la legislación que lo permite en el Reino Unido (donde cada centro decide) y la ausencia de legislación específica en España.

Es mejor convencer que prohibir. Pero, para convencer hay que ser coherentes. Hay una democracia y una escuela laicas. Hay un ámbito particular para la fe religiosa. Hay que distinguir los símbolos del atuendo personal de los símbolos religiosos en espacios de convivencia común. Hay que respetar el derecho de los alumnos a vestir como quieran. Hay que eliminar los símbolos del instituto, no de los alumnos. Sobran símbolos y también sobra religión en los centros públicos. Descorramos el tupido velo de nuestras ideas.

Humor rojo: la vivienda popular

Las ideas y, sobre todo, las cosas claras. Yo soy un joven de hoy, moderno, urbano, estudiado, “masterizado”, creyente ferviente, pecador penitente, consumista, hedonista, materialista, en suma, centrista. Yo lo tengo claro, desde que he descubierto a mi líder político y espiritual. Mi líder no necesita inventarse nombres de diseño, como “ZP”. Mi líder no necesita slogans al estilo Obama, como “Spain can”. Mi líder no necesita cancioncillas estúpidas, como “Defender la alegría”. Yo sigo a un líder carismático, a un líder de hoy, a Mariano Rajoy (permítaseme la rítmica licencia poética).

Yo asistí a un mitin suyo y me captó, me entusiasmó, me abdujo. Desde entonces le creo, le adoro, le imito. Hasta hablo como él. Y es que Mariano habla de las cosas sencillas de la vida, de las cosas que de verdad nos preocupan. Por ejemplo, habla del problema de la vivienda, que preocupa sobre todo a los jóvenes. Daba gusto oírle en aquel inolvidable mitin de provincias, para mí iniciático. Mariano, mirando, más o menos de frente, a un joven de la primera fila, que, absorto, nos representaba a todos los jóvenes centristas, hilvanaba convincentes argumentos sobre la cuestión, que todavía recuerdo literalmente.

“Mire, usted, joven, la vivienda es importante para todos los vivos. Nosotros somos reformistas; nos dedicamos a las reformas. Nosotros vamos a reformar y a construir, con la ayuda de Dios, 90.000 millones de viviendas para jóvenes. Van a ser 9.000 millones de viviendas por cada Comunidad Autónoma con presidente centrista, o bien, 900 millones de viviendas por cada ciudad con alcalde centrista. También vamos a construir, con la ayuda de San José Obrero, 90 millones de viviendas por cada barrio donde la asociación de vecinos sea de centro y hasta 9 viviendas por metro cuadrado, o cúbico, siempre que en ese metro habiten jóvenes decentes, o sea, centristas”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas protegidas. Protegidas por guardias de seguridad. Van a ser, pues, viviendas de acceso restringido. Los inmigrantes, sobre todo los procedentes de otros países, no podrán acceder a las mismas, ni de visita, y menos aún a pedir limosna por las puertas molestando a los propietarios, que en ese momento pueden estar incluso rezando”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas con espacios comunes de una calidad extraordinaria. Van a ser viviendas con ascensor individual con hilo musical, en el que sonarán alternativamente coplas (Isabel Pantoja, Raphael), canciones pop con mensaje (Juan Pardo, Julio Iglesias) y cantos regionales (sólo algunos en lenguas autóctonas, como máxima concesión a los nacionalismos periféricos)”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas con portero automático con video de plasma y capacidad de descarga eléctrica selectiva, por si tocan al timbre inmigrantes o mendigos. Viviendas con un portero no automático por planta. Un portero de confianza, de buena y humilde familia, contratado a tiempo parcial, pero sin darle de alta en la Seguridad Social. Cada portero de planta se encargará, además de bajar la basura como corresponde a un contrato ídem, de abonar y regar las plantas de los descansillos, limpiar los retratos de otros centristas históricos (José Antonio, Franco, Aznar) y sacar brillo a los bustos de bronce con mi esfinge que donaremos a las comunidades más centradas”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas con tres plazas de garaje para coches de alta gama, que serán aparcados por personal subcontratado. Las viviendas contarán en la azotea con amplísimos trasteros, de hasta 20 metros cuadrados, en los cuales se podrán montar talleres clandestinos para la industria textil, con un máximo de doce filipinas, a las que sí dejarán pasar los guardias de seguridad, aunque ellas no podrán, lógicamente, utilizar los ascensores de la comunidad de propietarios nacionales para subir hasta los trasteros”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas de cinco o seis dormitorios, dependiendo del número de hijos que tengan los jóvenes propietarios, cinco o seis. Vamos a tomar medidas para que las jóvenes centristas procreen más. Adaptándonos a los tiempos, incentivaremos la fecundación in vitro, si la naturaleza no diere para más, pero siempre con materia prima de sementales nacionales y con genes de derechas. Necesitamos hijos que nos garanticen un futuro gobierno conservador en el año 2020, así como el retorno de Don Manuel a la Xunta de Galicia, para organizar el Año Xacobeo del 2024, con la ayuda del santo patrono Santiago y los auspicios del Papa Bendicto XVI. Con perspicacia y perspectiva, hay que prever que los conservadores nos conservamos bien, porque somos omnipotentes, omnímodos y omnívoros”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas con, al menos, dos cuartos de baño por habitación, cada uno de ellos con alicatado hasta el techo “Porcelanosa motivo par de gaviotas”, con biblioteca y con magníficas vistas. Es muy importante que el joven centrista se siente y se sienta cómodo en el momento de la defecación; momento en el que suele reflexionar mejor sobre las consignas de su líder y el cambiante ideario centrista”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas con cocinas equipadas con electrodomésticos de última generación, para que las jóvenes esposas centristas, cómodas en su hábitat natural, no quieran salir de ellas y no se planteen trabajar, engrosando las listas del paro. Van a ser cocinas para que las abnegadas mujeres centristas conserven nuestra cocina tradicional. No obstante, las que no quieran hacerlo, nos voten y nos den futuros votantes, podrán acogerse a las subvenciones para expansión de la fast food, que, con el patrocinio de “Burger King” y “McDonalds”, fomentará nuestro Ministerio de Fomento”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas que dispondrán de magníficos salones, con materiales de primerísima calidad (tarima flotante, calefacción de leña de árboles autóctonos, chinero de diseño y óleo con cacería de zorro inglés). Para equipar estos salones, subvencionaremos la compra de televisores de plasma, panorámicos, de 50 pulgadas y 300 hercios, a los propietarios centristas que los soliciten; televisores que sólo llevarán un par de canales presintonizados, concretamente la cadena que dirigirá Urdaci y Telemadrid, para evitar tentaciones de zapping”.

“Mire, usted, joven, van a ser viviendas amplias, de 95 metros como mínimo por cónyuge, más 30 metros por hijo legítimo y 10 metros por cada persona del servicio doméstico. Viviendas a precio tasado: 600.000 euros, o sea, 100 millones de pesetas, a pagar en 100 años, siempre que se siga votando al centro, a lo cual se comprometen el propietario y sus descendientes. De incumplir esta cláusula, la vivienda le será retirada y el propietario, su cónyuge, suegra, cuñados e hijos serán expulsados del país al amanecer de un día gris marengo, por la policía autonómica o, en su defecto, por las fuerzas de seguridad del estado o del partido”.

En mi retina y en mi corazón quedó la imagen final de mi líder en aquel mitin, cuando, alzando sus brazos y fijando de nuevo su mirada, más o menos de frente, en los ojos atónitos del joven de referencia, gritó: “¡Joven, está en tu mano: vota a Mariano!”. No pude contener las lágrimas, ni las ganas de orinar.

Pasado el tiempo, sigo embargado por la ilusión y por las deudas. Eso sí, para resolver lo de mi problema de vivienda, he optado por hacer uso de la renta de emancipación, que me dan esos rojos pragmáticos.

Hablar de memoria

A vueltas con la Ley de memoria histórica en un país donde se habla mucho de memoria y, por eso, se olvida pronto. Donde una presidenta autonómica con nombre de virtud teologal cristiana frustra cualquier homónima esperanza de consenso cuando dice que “una ley de memoria histórica impuesta por un gobierno es un síntoma de totalitarismo como pocos se han visto jamás”. Donde un entonces portavoz de un grupo parlamentario de por sí vociferante alza la suya para adjudicar papeles de buenos y malos cuando dice que “los que mejor han vivido con el franquismo pretenden ahora dar lecciones de democracia a quienes no han tenido ninguna prebenda”. Exabruptos de conservadores que conservan en la memoria sólo lo que quieren conservar.

Pronto sus acólitos hablarán de esta ley también de memoria. Recordarán indignados la retirada de símbolos en sus espacios cotidianos (escudos, estatuas, águilas, flechas, placas con nombres de sus otrora héroes). Recordarán nostálgicos la escenografía fervorosa del Valle de los Caídos, donde sus íntimos se reunían cada 20-N para rezar por el alma del Caudillo (por si acaso seguía en el Purgatorio, que entonces aún existía). Más que recuerdos, añoranzas. Prescindirán de otros aspectos de la ley, como la identificación de cadáveres en fosas comunes, la deslegitimación de los tribunales franquistas, la posibilidad de reclamaciones particulares en la vía judicial o la indemnización a familiares de las víctimas.

Mientras los conservadores pretenden mostrarse como los únicos herederos de la concordia olvidadiza de la transición, hay republicanos, anarquistas y activistas internacionales que consideran insuficiente la ley, porque no anula de facto sentencias injustas, no condena sin ambages el genocidio, no dicta disposiciones vinculantes, no avanza más allá de la declaración de intenciones y no salda la deuda con las víctimas. Los primeros quieren mirar al futuro, en aras de un vergonzante pasado. Los segundos quieren mirar al pasado, en aras de un vergonzoso presente. El futuro es un tiempo cómodo para guardar las promesas. El pasado es un tiempo incómodo para archivar las ideas. Revisar el pasado no implica dividir conciencias en el presente. Los sucesos acaecidos durante la Guerra Civil o la Dictadura precisan de acreditación documental. Cuando hablan de ellos políticos mezquinos los lapsos de memoria no son tales, aunque, como dice Clarasó, “nadie puede cambiar su pasado, pero todo el mundo puede contarlo al revés”.

No se trata de refrescarles la memoria repasando sus propias decisiones autoritarias o enumerando familias de su partido vinculadas al franquismo. Sin embargo, hay que ejercitar la memoria. En el presente los conservadores se muestran como los máximos defensores de los principios constitucionales. En el pasado la mitad de los populares votaron en contra de la Constitución y alguno de sus líderes, bigote y firme ademán, hizo ostentación pública de ese rechazo. En el presente se muestran como los máximos valedores del mercado libre. En el pasado fueron los máximos valedores de los monopolios oligárquicos patrocinados por el régimen franquista. En el presente se muestran como los máximos aliados de los ciudadanos (para parecer más “populares” hasta organizan manifestaciones). En el pasado fueron los máximos aliados de los poderes fácticos conniventes con la represión de cualquier protesta ciudadana; poderes como el Ejército, que afortunadamente ha cambiado su papel social, y como la Iglesia, que desgraciadamente selecciona beatos entre las víctimas en vez de pedir perdón por su complacencia con el régimen dictatorial. Dirán que hablo de memoria. Sí, hablo de una memoria que no coincide con el No-do, de la memoria colectiva, esa que es difícil borrar porque, como dice Machado, “hoy es siempre todavía”.