Guerra personal

jueves, 13 de noviembre de 2008

La de Afganistán era una guerra remota y aparentemente despersonalizada. Aparentemente despersonalizada, porque fue Bush quien personalmente decretó la represalia, la “guerra contra el terror”, personalizado en Bin Laden. Aparentemente despersonalizada, porque mi primo Gonzalo ha sido uno de los heridos en el último ataque talibán, que no atentado. Rendidos honores a los muertos y reconocido el valor de mi primo, con la cruz del mérito militar con distintivo amarillo, la eufemística “Operación Libertad Duradera” se ha convertido en algo personal para mí. Reconozco mi inconsciencia, pues debió haber sido algo personal desde el primer momento, porque, como cantaba Serrat, “entre esos tipos y yo hay algo personal”. Esos tipos son los talibanes musulmanes, visionarios y fundamentalistas, y los neoconservadores americanos, mesiánicos e integristas.
Algunos siguen empeñados en convencernos de que en Afganistán no estamos en guerra. La Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, bajo mando de la OTAN, está allí para garantizar la transición política y para apoyar a la autoridad interina de aquel país. Es una “right war”, dicen ellos. Pero, guerra al fin y al cabo; sólo que el fin es imprevisible.
Hay más de setenta mil soldados de la OTAN desplegados en Afganistán. Un alto mando de las tropas ha calculado que harían falta cuatrocientos mil para concluir la ocupación. Obama ha anunciado que incrementará su contingente en diez mil soldados. Zapatero duda si hacerlo. Empezamos mandando menos de quinientos militares a una misión de “bajo riesgo”; ahora están destinados allí ochocientos españoles. Han muerto sesenta y dos en el Yak-42, diecisiete en el helicóptero Cougar, ocho en otros accidentes y ataques. Pero, los muertos no entienden de nacionalidades. Desde la decisión personal de Bush han muerto cuatro mil personas, de las que mil quinientas eran civiles. Una semana antes del ataque al blindado de mi primo los norteamericanos bombardearon por error una boda, matando a trece afganos, entre los que había mujeres y niños. Y es que, como decía Sartre, “cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”.

2 comentarios:

jesús dijo...

Bush ha reconocido que se equivocó en alguna de sus manifestaciones, pero de lo mas gordo no ha dicho nada. Solo cabe pensar dos cosas: o lo reconocerá mas tarde (en sus memorias que pronto le empezarán a escribir)o sigue convencido de que no se equivocó, pese a las consecuencias.

Esther Fontán dijo...

El hombre siempre detrás de toda guerra ha argumentado la misma causa: la búsqueda de la paz. Pero si tienes que buscar algo es por que lo perdiste y si lo perdiste es porque lo tenías; puede parecer una idiotez, pero es tan sencillo como que alguien por el motivo que fuese, no la paz, decidió romper con ella (de eso Bush tiene un máster). ¿Guerras justificadas? ¿guerras de liberación, de democratización, de pacificación...? guerras al fin y al cabo. Están en la historia del hombre porque cuando el hombre no puede imponer la fuerza de la razón (SU razón, claro) impone la razón de la fuerza. Ahora que hemos puesto muchas esperanzas en Obama, y quizás alguna se vea truncada, me gustaría recordar a John F. Kennedy, antecesor suyo, de su mismo Partido, por el que confieso sentir debilidad, que en su día dijo: "Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas" (o como diría mi abuela "sentidiño").