Adúlteros sin fronteras

miércoles, 29 de octubre de 2008

Los musulmanes somalíes lapidaron a Asha en Kismayu por adúltera. Los cinéfilos americanos premiaron a Meryl en Hollywood por adúltera. La vida amorosa de Asha fue dramática. La vida amorosa de Meryl en los puentes de Madison fue intensa. La ejecución de Asha, atada de pies y manos en la plaza de su pueblo, fue una tragedia. La relación de Meryl Streep con Clint Eastwood fue una película romántica, una novela cargada de emociones derivadas de su affaire tardío con un famoso e intrépido fotógrafo de la National Geographic, en lugar de su marido, un anónimo y aburrido granjero de Iowa.

El cine y la televisión muestran, para alabanza o escarnio, a cientos de adúlteros, famosos y anónimos. La historia está repleta de adúlteros oficiales: Diana de Gales, Carlos de Inglaterra, Bill Clinton, Napoleón, María Antonieta, Enrique VIII, Mesalina, Marco Antonio, Julio César, Alejandro Magno y hasta Zeus. En todo el mundo el adulterio ha sido socialmente practicado, moralmente criticado y judicialmente condenado, como delito y hasta con pena capital, sobre todo si era cometido por una mujer. En España fue despenalizado en 1978, en Argentina en 1995, en México en 2008, en Somalia aún hoy una acusación y unos supuestos testigos bastan para lapidar a una mujer y, de paso, matar a un niño del público con los disparos perdidos de unos guardias que abrieron fuego cuando un pariente de la adúltera intentó evitar el apedreamiento.

No sólo los musulmanes son fundamentalistas en cuanto al adulterio. Si hay unos mandamientos sobre los que ha insistido la jerarquía católica son el sexto, “no cometerás actos impuros”, y el noveno, “no consentirás pensamientos ni deseos impuros”; porque, como recalca el famoso jesuita Padre Loring, “el adulterio es ya una falta grave desde el momento mismo en que se desee deliberadamente, pues ya hay adulterio cuando hay infidelidad de corazón, cuando se pone a alguien por encima del propio consorte”. El adulterio “es uno de esos crímenes enormes que ya entre los judíos y los paganos era castigado con la pena de muerte”. El Padre Loring es todo un experto en adulterio, por eso sabe que “no se llega ordinariamente al adulterio de golpe, sino después de una serie de ligerezas, de imprudencias y de concesiones”, y sabe que “los pasos del adulterio pueden ser éstos: un marido absorbido por su trabajo; su mujer se siente sola; ella se encuentra casualmente con un hombre que resulta amable y atento; se deja llevar con la imaginación de lo que sería un matrimonio con este segundo hombre; una circunstancia ocasional y un beso furtivo con este segundo hombre; la necesidad de repetir este momento; después, el adulterio, una familia deshecha y puede que la condenación eterna”. Ellos al Purgatorio, ellas al Infierno directamente.

Según el Informe Janus sobre comportamiento sexual, treinta y cinco de cada cien hombres y veinticinco de cada cien mujeres confiesan haber cometido adulterio. Según Pittman, “la sociedad no puede hacer cumplir una regla que viola la mayoría de las personas; la infidelidad es tan común que ya no es una conducta desviada". Según el diccionario de la Real Academia Española, adulterio es un “ayuntamiento carnal voluntario entre una persona casada y otra de distinto sexo que no sea su cónyuge”. Por tanto, el Padre Loring debería advertir a Monseñor Rouco de que quizás en España no estén cometiendo adulterio los que mantengan relaciones homosexuales o lésbicas fuera del matrimonio.

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