Simplemente Newman

domingo, 28 de septiembre de 2008

Seducción, pitillo, el buscavidas, perdedor, marcado por el odio, magnetismo, elegancia, fidelidad, el golpe, sonrisa, ironía, jugador, el color del dinero, icono sexual, la ciudad frente a mí, rebeldía, la leyenda del indomable, padre, drogas, Harry e hijo, amistad, velocidad, carreras, dulce pájaro de juventud, digna vejez, cáncer, camino a la perdición: Paul Newman. Todas ellas quisieron ser contigo gatas sobre tejados de zinc. Todos ellos quisieron ser un tercero, contigo y Redford, en dos hombre y un destino.
Esas cualidades podían ser resultado de lo bien que te habías aprendido el método de interpretación del Actors Studio. Pero, un tipo capaz de prescindir del glamour de Hollywood, de montar empresas multimillonarias con fines benéficos, de crear centros para la rehabilitación de drogadictos, de implicarse en la lucha por los derechos humanos, de oponerse públicamente a la Guerra de Vietnam, de enfrentarse a presidentes republicanos corruptos y de luchar para cambiar las cosas desde dentro del sistema, siempre con clase y discreción, se merece un laico réquiem de admiración en este rincón político.
Víctor Hugo, si hubiese visto tus películas, habría dicho aquello de que “en los ojos del joven arde la llama y en los del viejo brilla la luz”. Tu mirada azul, querido Paul, ha iluminado mi juventud e iluminará mi vejez.

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