Ministerio de la Verdad

domingo, 20 de julio de 2008

Decía Baroja que en la verdad no puede haber matices y en la mentira hay muchos. Cierto, pues la verdad que se manipula ya es mentira. No hay más que ver y oír a los medios de comunicación que han desinformado sobre la gestión de la catástrofe del Prestige o la sentencia del 11-M, faltando a la verdad en el momento de la noticia y empecinándose en la mentira a lo largo del tiempo. Medios, de confesada inspiración católica, que no siguen a San Pablo en aquello de que “sólo la verdad os hará libres”; quizás porque la libertad no es lo que más les importa. Estarían dichosos, si volviesen a gobernar su patria hombres firmes en sus creencias y principios, firmes en sus dotes de mando ¡Firmes!

A falta de un líder con firmeza, crearán, al estilo del Gran Hermano de Orwell, un Ministerio de la Verdad, para falsearla e institucionalizar de una vez la manipulación de la opinión pública. Al frente del Ministerio colocarán a un ministro bien educado, pulcro, devoto, capaz de mentir sin inmutarse. A su lado, un Jefe de gabinete, profesional de la comunicación, “uno de los nuestros”, procedente, por ejemplo, de una emisora que cope las aspiraciones de la jerarquía. Aunque el leitmotiv del Ministerio será la generación de verdades, dispondrá de una Dirección General de la Mentira, triste sustituto de la verdad, pero, según Hubbard, el único que se ha descubierto hasta ahora. El Ministerio no parará en barras éticas y no reparará en gastos. No será por falta de medios, ya que los fines, la salvación de la patria y la optimización de beneficios empresariales, justifican los medios. Se harán reformas, se construirán nuevas dependencias ministeriales, como la sala de la Policía del Pensamiento, donde se archiven sólo los expedientes de delatores y tránsfugas; la sala de la Memoria Histórica, donde se archiven sólo las cintas del No-do; la Hemeroteca de la Verdad, donde se archiven sólo los tres periódicos verídicos, según dictan la razón y un sencillo abc copiado de las mejores hemerotecas que hay en el mundo.

En el archivo del Ministerio habrá que hacer sitio a la gran avalancha de nuevas verdades. Habrá dinero abundante para la obra y para adjudicar cientos de becas a los jóvenes más cualificados de las nuevas generaciones. Allí mismo serán destruidas las fuentes documentales de la verdad histórica. No vaya a ser que a alguien se le ocurra buscarla y los demás corran el riesgo de que la descubra. Al eliminar dichos documentos, los hechos que acreditaban no habrán tenido lugar. Sobre su no acontecimiento podrán expedirse certificados a petición de los interesados, quienes serán fichados al momento. Los protagonistas de tales sucesos, víctimas virtuales, habrán desaparecido, se habrán volatilizado. De hecho, nunca habían existido. Entre ser o no ser, no ser, he ahí la cuestión.

Un partido político y unos medios de comunicación que falsean el pasado y el presente pueden falsear el futuro. Todo les vale para desacreditar y derrocar a un gobierno democrático al que no otorgan legitimidad. La alianza es poco ética, pero la desconsideración a los ciudadanos es patética. Para acceder al poder, asumir que los ciudadanos son consumidores compulsivos de mentiras enlatadas es tanto como asumir el eslogan del Ministerio de la Verdad de Orwell: “La ignorancia es la fuerza”. Con tal lógica, cuanto más ignorantes sean los ciudadanos, y sobre todo cuantos más ciudadanos sean ignorantes, menos probabilidad habrá de que se descubran las verdades y se exijan responsabilidades. Decía Cerón que la verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo. Bienvenida sea, si permite hacer justicia. Donde hay un Ministerio de Justicia sobra un Ministerio de la Verdad.

1 comentarios:

peter pan dijo...

En resumen, el mundo se divide en dos bandos, los buenos y los malos.

Los que tenemos la desgracia de tener pocas luces y no pertenecer a ninguno de los dos, también padecemos el maniqueísmo de unos y otros.

Da la impresión de que con el bastón de mando va implícito el sello de bondad.

Unos y otros, parecen olvidar que sin la existencia del rival es difícil sostener la propia idiosincrasia. Dicho de otra manera Sr. Armas, si mañana un rayo divino hace entrar en razón al PP y decide disolverse, ustedes pasarían a ser el partido más a la derecha entre los que tienen representación parlamentaria.

¿Quienes serían entonces 'los malos'?, ¿qué mensaje venderíamos de no haber un enemigo ruín y miserable?

PD: Espero que este escrito no me convierta automáticamente en miembro prototípico del bando contrario, aunque dada la falta de imaginación de la clase política no me extrañaría nada.