Tupido velo

jueves, 26 de junio de 2008

En clase de secundaria obligatoria de un instituto de una cosmopolita ciudad española, el profesor consiente, por supuesto y por los antecedentes, que su sexta alumna musulmana entre en el aula luciendo un hijab, velo azul intenso que cubre su cabeza y cuello y deja al descubierto su rostro. Ella lo lleva por costumbre, por creencia y por su padre, que la obliga igual que a su madre. El padre, arengado por el imán de la mezquita próxima, convence a otros padres musulmanes para que sus hijas lleven velo al instituto. Derecho a la diferencia. Además, como cada familia procede de comunidades islámicas distintas, cada alumna aparece con un velo distinto. La primera un shaila, largo, rectangular y con amplios pliegues en los hombros, deja ver su rostro y cuello. La segunda un al-amira, dos piezas, gorra de algodón ajustada a la cabeza y velo tubular, deja ver sólo su cara. La tercera un niqab, antónimo de antifaz, sólo deja ver y que vean sus ojos, con velo adicional para taparlos. La cuarta un chador, túnica de pies a cabeza, sólo deja ver el rostro. La quinta un burqa, saco que cubre todo su cuerpo, deja sólo rejilla para ver e incluso respirar. El instituto es noticia de prensa. El claustro, la dirección, los otros padres, los otros alumnos y el personal de limpieza están estupefactos. Se reúnen, se informan y deciden que hay que educar a todos los alumnos en la tolerancia, como corresponde a un centro multicultural de una sociedad compleja y plural.

La organización del aula se hace más compleja y plural, si cabe. El alumno suní, virado su pupitre hacia La Meca, pide descuentos en el comedor durante el Ramadán. La alumna anglicana, enfundada en cueros a lo Madonna, descuelga un gran crucifijo sobre sus pechos, por devoción, provocación o promoción de bisutería. La alumna amish, austero vestido negro hasta los tobillos, apaga las luces para no consumir electricidad. El alumno judío, coletas, solideo y estrella, se niega a realizar excursiones extraescolares los sábados. La alumna gitana, rosario de ocho vueltas y música de Camarón en mp3, acude solícita y sola a clase de Religión evangélica. El alumno sij, recién llegado con turbante de la lejana Cachemira, se ciñe puñal por precepto religioso. Su compañero macarra, natural del barrio, se ciñe otro por si acaso.

Para explicar el detonante de tal diversidad, el velo islámico, qué mejor que la Educación para la Ciudadanía. El profesor de la materia en 2º les explica que el velo es un símbolo de la feminidad, identidad y lucha de la mujer musulmana, que la hace más respetable en su país y en el nuestro. No deberían preocuparse tanto por la discriminación de esta mujer y tan poco por la discriminación de la mujer española. Hay que permitir el velo. El profesor de la materia en 4º les explica que el velo es un símbolo del machismo musulmán, que pretende hacer invisible a la mujer, imposibilitarle la elección de pareja y someterla al marido. Un símbolo del integrismo islámico, que lanza a estas niñas como avanzadilla de penetración en los países occidentales, causando xenofobia mutua. Hay que prohibir el velo. Ambos hablan del respeto a las convicciones, al menor y a los compañeros. Ambos comentan la legislación que prohíbe el velo en Francia, Alemania u Holanda, la legislación que lo permite en el Reino Unido (donde cada centro decide) y la ausencia de legislación específica en España.

Es mejor convencer que prohibir. Pero, para convencer hay que ser coherentes. Hay una democracia y una escuela laicas. Hay un ámbito particular para la fe religiosa. Hay que distinguir los símbolos del atuendo personal de los símbolos religiosos en espacios de convivencia común. Hay que respetar el derecho de los alumnos a vestir como quieran. Hay que eliminar los símbolos del instituto, no de los alumnos. Sobran símbolos y también sobra religión en los centros públicos. Descorramos el tupido velo de nuestras ideas.

1 comentarios:

Nuria dijo...

Me pregunto si tanta lucha para sacar de nuestras aulas las cruces, comer pescado los viernes, los velos de las cabezas de nuestras mujeres.. ay dios, cuanto trabajo y tanta lucha para ser verdaderamente laicos, y ahora queremos velos para las musulmanas, comidas especiales para los alumnos seguidores del islam.. de verdad?, valió la pena?